
Arrancó la obra que esperaron por años: Sevilla y Guacamayal dejarán atrás el abandono vial
Con la primera piedra, la Gobernación del Magdalena y la Alcaldía de Zona Bananera pusieron en marcha la construcción de 1,7 kilómetros de pavimento que buscan acabar con años de deterioro, aislar menos a las comunidades y destrabar la economía campesina.
Esta vez sí empezó. Después de años de promesas, polvo, huecos y trayectos interminables, el corredor entre Sevilla y Guacamayal dejará de ser una trocha castigada para convertirse en una obra en ejecución. La primera piedra puesta por gobernación y alcaldía no solo marcó el inicio de un proyecto: marcó el fin de una espera que había golpeado durante décadas a miles de campesinos.
La gobernadora del Magdalena, Margarita Guerra, y la alcaldesa de Zona Bananera, Calreth Olaya, encabezaron el acto que dio luz verde a la construcción de 1,7 kilómetros de pavimento rígido, una intervención que busca corregir uno de los puntos más críticos de movilidad rural en esta zona del departamento.
El tramo, aunque corto en extensión, ha sido largo en sufrimiento.
Durante años, transportar productos agrícolas por esta vía ha significado pérdidas, retrasos y riesgos. Los campesinos no solo enfrentaban el deterioro del terreno, sino la incertidumbre de no saber si podrían sacar sus cosechas a tiempo o si el trayecto terminaría convirtiéndose en otro obstáculo más.
Características de la obra Ahora, con una inversión de 8.922 millones de pesos, el proyecto arranca con una promesa clara: convertir ese camino deteriorado en una vía funcional, resistente y segura.
Las obras contemplan adecuación del terreno, construcción de pavimento en concreto, drenajes y box culverts. No se trata solo de asfaltar: se trata de garantizar que la vía no vuelva a colapsar con las lluvias ni con el paso constante de vehículos de carga.
El impacto es directo.
Alrededor de 14.200 habitantes serán beneficiados con esta intervención. Para ellos, la obra no es un anuncio institucional más: es la posibilidad real de moverse sin quedar atrapados, de conectar sus territorios y de reducir los tiempos que durante años les han jugado en contra.
Pero más allá de la movilidad, el proyecto toca un punto sensible: la economía.
En una zona donde el sustento depende en gran medida del campo, cada minuto cuenta. Cada retraso en el transporte puede traducirse en pérdidas. Cada dificultad en la vía impacta directamente en el bolsillo de quienes viven de la tierra.
Por eso, esta obra no solo pavimenta un tramo: intenta destrabar una dinámica económica que ha estado limitada por el abandono vial.
El mensaje institucional fue claro: hay una apuesta por cerrar brechas históricas en el territorio. Sin embargo, el reto apenas comienza.

Porque en esta región, la historia también está marcada por obras anunciadas que no siempre se completan o que no logran sostenerse en el tiempo. La confianza, por eso, no se decreta: se construye.
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Y esa construcción dependerá de que los tiempos se cumplan, de que la calidad de la obra responda a lo prometido y de que, esta vez, el pavimento no vuelva a romperse con la primera temporada de lluvias.
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