
Amenazas de muerte hicieron salir corriendo de Fundación a 11 concejales; denuncian falta de apoyo de la alcaldesa
La mayoría del Concejo Municipal de Fundación, Magdalena, asegura haber sido desplazada tras recibir panfletos intimidantes y presiones políticas. Los cabildantes señalan que la alcaldesa Luz Helena Andrade solo protege a cuatro concejales afines a su gobierno, mientras la oposición quedó a la deriva. Uno de los casos incluye un atentado contra una concejala que luego cambió de postura.
Once concejales de Fundación no volvieron a dormir en sus casas. Tampoco caminan las calles donde hicieron campaña ni se sientan tranquilos en los parques donde antes los saludaban por su nombre. Hoy están en Santa Marta, desplazados por amenazas que —según ellos— nacieron del pulso político con la alcaldesa Luz Helena Andrade.
La mayoría del Concejo asegura que todo empezó con panfletos anónimos al inicio de las sesiones ordinarias. Después vinieron mensajes directos, advertencias más crudas y un ambiente de miedo que les hizo entender que quedarse podía costarles la vida.
“No tenemos problemas personales con nadie. Aquí lo que hay son diferencias por proyectos mal manejados, por obras que no avanzan. La respuesta a nuestras críticas ha sido la intimidación”, contó uno de los cabildantes que tuvo que salir del municipio con lo que llevaba puesto.
Un Concejo partido en dos
La ruptura dentro del poder local es evidente. De los quince concejales, once dicen sentirse completamente desprotegidos. Aseguran que la alcaldesa solo ha arropado a cuatro corporados cercanos a su administración, mientras el resto quedó a la intemperie.
“Nos sentimos excluidos. La alcaldesa debería ser garante para todos, no solo para los que le dicen sí a todo”, afirmó la concejala liberal Loraine Villazón, una de las primeras en abandonar Fundación.
Con ella salieron Vladimir Montero del Partido Ecológico; Fabián Valencia y Maura de Vega de Cambio Radical; Luis Armando Blanco de MAÍZ; Luz Elena Acevedo y Carlos Arévalo de Salvación Nacional; Juaco de la Cruz del Liberal; Emel Yaruro de Colombia Renaciente; y los concejales de Fuerza Ciudadana Diana Salcedo y Miguel Ángel de la Cruz.Todos repiten la misma versión: las amenazas aparecieron justo después de debates incómodos sobre contratación, presupuestos y obras que, a su juicio, se quedaron en promesas.
El día que el miedo se volvió real
El punto que prendió las alarmas fue un atentado contra la vivienda de una concejala que hacía oposición. El hecho aún se investiga, pero bastó para encender todas las alarmas. Días después, la misma cabildante cambió radicalmente su postura política y terminó bajo el ala de la administración municipal, con esquema de protección incluido.
“Ahí entendimos que esto no era un juego. Si a ella le pasó, cualquiera de nosotros podía ser el siguiente”, dijo otro de los desplazados.
Sin garantías, el grupo se trasladó a Santa Marta para denunciar ante la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo y la Policía. Desde allá intentan cumplir sus funciones, aunque reconocen que hacer control político a kilómetros de distancia es casi imposible.

Un pueblo sin debate
Fundación está acostumbrada a la pelea política, pero nunca a un Concejo medio vacío por miedo. Las sesiones apenas alcanzan quórum y la mitad de las curules parecen sillas prestadas.
“¿Quién nos va a representar si los concejales tienen que esconderse?”, se preguntó un comerciante del centro, mientras señalaba el edificio de la corporación.
Los once cabildantes piden protección real, investigaciones serias y condiciones para volver. Insisten en que no buscan privilegios, solo poder hacer el trabajo para el que fueron elegidos.
Respuestas que no llegan
Hasta ahora, la reacción oficial ha sido tibia. La Alcaldía muestra su acompañamiento a los cuatro concejales de su línea, pero los demás aseguran que nadie les ha tendido la mano.
La Defensoría y organizaciones de derechos humanos revisan el caso, y la Fiscalía abrió expedientes por los panfletos y el atentado. Pero en Fundación el reloj corre más rápido que los procesos.
“Queremos volver, pero vivos y con garantías para cuidar los recursos del municipio”, resumió uno de ellos.
Mientras tanto, el pueblo mira con preocupación cómo la política se volvió un terreno peligroso. Y espera que alguien intervenga antes de que Fundación se quede sin oposición, sin control y, lo más grave, sin democracia.
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