
Alertan estudios: humedales de Playa Dormida, refugio de aves migratorias y manglares, están en riesgo por la expansión inmobiliaria en Santa Marta
La expansión inmobiliaria, la contaminación y la falta de protección legal ponen en riesgo uno de los últimos pulmones naturales del litoral samario.
Entre edificios de lujo, proyectos turísticos y una ciudad que sigue creciendo hacia el sur, sobreviven dos pequeños cuerpos de agua que para muchos pasan desapercibidos. Sin embargo, para los científicos representan uno de los ecosistemas más valiosos de Santa Marta y uno de los más amenazados.
Los humedales costeros de Playa Dormida, ubicados en el sector de Bello Horizonte, a pocos minutos del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, están atrapados entre la presión del desarrollo urbano y la ausencia de herramientas efectivas que garanticen su protección.
La advertencia quedó plasmada en una investigación liderada por la Universidad del Magdalena que revela un panorama preocupante: contaminación, deterioro ambiental, erosión costera y una creciente presión urbanística sobre ecosistemas que cumplen funciones esenciales para la biodiversidad y la mitigación del cambio climático.
«La ampliación urbanística es el principal problema. Existen intentos de construir sobre estos ecosistemas e incluso de hacerlos desaparecer«, advierte el biólogo y profesor universitario César Tamaris Turizo, director de la investigación.

Un tesoro natural rodeado de cemento
Aunque ocupan áreas relativamente pequeñas, los humedales de Playa Dormida cumplen una función desproporcionadamente importante para el equilibrio ambiental de la zona.
Son refugio para aves migratorias que recorren miles de kilómetros por el continente, albergan peces, anfibios, reptiles y especies vegetales adaptadas a las condiciones costeras. Además, funcionan como barreras naturales frente a la erosión y ayudan a regular procesos ecológicos fundamentales.
Dentro de los hallazgos más relevantes del estudio aparece la presencia de manglares y de un colibrí endémico del Magdalena, una especie que únicamente habita en esta región del país.
«Los humedales son reservorios de biodiversidad. Mantienen fauna y flora que cumplen servicios ecológicos fundamentales para la regulación de los ecosistemas», explica Tamaris.
La importancia de estos espacios va más allá de la conservación de especies. Los investigadores destacan que los manglares presentes en la zona actúan como sumideros de carbono azul, con capacidad para capturar y almacenar grandes cantidades de dióxido de carbono, uno de los principales gases responsables del calentamiento global.
En un contexto donde Colombia enfrenta fenómenos cada vez más intensos asociados al cambio climático, los científicos detallan que estos ecosistemas representan una defensa natural que tarda décadas en formarse y apenas horas en destruirse.
Las señales de alarma
El trabajo de investigación también encontró evidencias de deterioro ambiental que preocupan a los expertos.
Los análisis de calidad del agua revelaron concentraciones elevadas de nitratos, un indicador asociado a vertimientos y contaminación de origen humano.
A esto se suma la disposición inadecuada de residuos sólidos, la extracción de recursos naturales y la pérdida progresiva de cobertura vegetal.
«La calidad del agua mostró condiciones preocupantes. Encontramos niveles que evidencian contaminación por vertimientos cercanos«, señala el investigador.
La erosión costera agrava aún más la situación. Con menos vegetación para proteger el suelo y una presión constante sobre el territorio, los humedales se vuelven más vulnerables a la degradación.

Una comunidad que siente que pelea sola
Durante el desarrollo de la investigación también fueron escuchadas las comunidades vecinas.
Los habitantes identificaron problemas ambientales, propusieron soluciones y coincidieron en una preocupación común: la sensación de estar enfrentando fuerzas económicas mucho más grandes que ellos.
Entre las propuestas planteadas aparecen el cerramiento de áreas sensibles, la instalación de puntos ecológicos y una mayor presencia de las autoridades ambientales para vigilar y recuperar los ecosistemas.
Sin embargo, muchos reconocen que resulta difícil competir contra el avance de los grandes desarrollos inmobiliarios que continúan llegando a la zona.
La expansión urbana hacia el corredor de Bello Horizonte se ha convertido en uno de los motores económicos más importantes de Santa Marta durante los últimos años. Nuevos complejos residenciales, hoteles y proyectos turísticos han transformado rápidamente el paisaje.
El problema, según advierten los investigadores, es que ese crecimiento ocurre en un territorio donde todavía existen ecosistemas frágiles cuya supervivencia depende de decisiones que deben tomarse ahora.
El vacío legal que preocupa a los científicos
La amenaza más grande podría no estar únicamente en la contaminación o en el crecimiento urbano.
Para los expertos, el principal riesgo es que estos humedales siguen sin contar con una delimitación oficial que defina claramente qué áreas deben ser protegidas.
Esa ausencia de reconocimiento deja a los ecosistemas en una especie de limbo jurídico que dificulta su conservación y abre la puerta a transformaciones del uso del suelo.
«La delimitación y zonificación son las principales herramientas para proteger estos ecosistemas. Hoy no existen instrumentos suficientes que garanticen su conservación efectiva«, sostiene Tamaris.
Los resultados de la investigación ya fueron entregados al Departamento Administrativo Distrital de Sostenibilidad Ambiental (Dadsa), entidad que deberá evaluar las acciones necesarias para avanzar en la protección de estas áreas y su incorporación dentro de los instrumentos de planificación territorial.
Una decisión que definirá el futuro de la ciudad
La discusión de fondo trasciende los límites de Playa Dormida.
Lo que está en juego es el modelo de crecimiento de una ciudad que busca expandirse mientras enfrenta desafíos cada vez mayores relacionados con el cambio climático, la erosión costera y la pérdida de ecosistemas estratégicos.
Los científicos advierten que proteger estos humedales no significa frenar el desarrollo, sino encontrar un equilibrio que permita preservar servicios ambientales que benefician a toda la población.
Porque si desaparecen los manglares, las aves migratorias dejan de encontrar refugio y los cuerpos de agua terminan cubiertos por concreto, la pérdida será mucho mayor que la de un paisaje.
Será la desaparición silenciosa de uno de los últimos ecosistemas naturales que sobreviven en medio de la expansión urbana de Santa Marta.
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