¿Actuó solo? El último testimonio del señalado por la muerte de Shelsy y la pregunta que nunca respondió


Antes de ser torturado y decapitado por la comunidad, el joven señalado por el crimen de Shelsy Navarro, de 3 años, mencionó a otro menor como posible implicado. Nunca explicó por qué la mataron. Hoy, Mingueo sigue atrapado entre el horror, la justicia por mano propia y preguntas sin respuesta.

La muerte de Shelsy Navarro no terminó con el hallazgo de su cuerpo. En Mingueo, el crimen abrió una cadena de violencia y dejó un vacío de respuestas que todavía golpea al corregimiento. ¿Actuó solo el joven señalado o hubo más implicados? ¿Por qué una niña de 3 años? ¿Qué pasó realmente dentro de esa casa del barrio El Vivero?

El adolescente que fue retenido —golpeado, amarrado, torturado, mutilado y finalmente decapitado por hombres en la Sierra Nevada— habló bajo presión. Entre llantos y súplicas de clemencia, mencionó a un compañero de vivienda, identificado como Breiner, también menor de edad, a quien señaló como posible participante en el crimen. No dijo más. No explicó el motivo. No dio detalles de cómo ocurrió el asesinato.

Ni siquiera cuando entendió que su muerte era inminente rompió el silencio. La comunidad escuchó el nombre, pero no obtuvo respuestas. La mayoría creía que era un intento de evadir su responsabilidad.

Un crimen sin explicación

Shelsy tenía 3 años. Jugaba afuera de su casa cuando fue raptada. Horas después apareció asesinada. Desde entonces, las versiones se cruzan y las certezas son pocas. Lo único confirmado es que el joven asesinado por la multitud era de nacionalidad venezolana y, según lo que se ha conocido, tenía problemas de drogadicción.

Nada de eso explica el crimen. Nada responde la pregunta central que recorre Mingueo: ¿por qué una niña?

Mientras era interrogado por la comunidad enfurecida, el adolescente lloró, pidió que no lo mataran, negó algunos señalamientos y señaló a otro menor. Pero nunca habló del motivo. Prefirió callar incluso cuando la tortura avanzaba y la muerte estaba a la vista.

La policía ha dicho que se investiga si él efectivamente fue el asesino como lo señaló la comunidad, y también busca determinar si hubo un segundo o tercer participante en esta muerte cruel. Para entregar resultados lo antes posible se dispuso una recompensa de $50 millones por información que permita esclarecer este caso que ha dolido a todo un país.

Justicia a golpes y un pueblo desbordado

La furia colectiva se impuso a la ley. La escena fue brutal y quedó registrada en videos que circularon en redes sociales: un menor de edad sometido, interrogado por la fuerza, castigado sin juicio. La comunidad, rota por el dolor, decidió cobrar justicia por mano propia.

Ese linchamiento no cerró el caso. Lo agravó.

Hoy, lejos de calmarse, el corregimiento sigue marcado por el miedo, la rabia y la incertidumbre. La violencia no trajo verdad. Solo dejó otro muerto y más preguntas.

La sombra del abuso

Medicina Legal adelanta exámenes para determinar si Shelsy fue víctima de abuso sexual. Las primeras informaciones indican que la niña sufrió antes de morir. Ese dato, aún en verificación, profundiza la conmoción y eleva la gravedad del crimen.

Si hubo más responsables, si el otro menor mencionado existe y participó, si hubo encubrimiento o silencio impuesto por el miedo, son asuntos que ahora están en manos de las autoridades. Pero el daño ya está hecho.

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Mingueo quedó atrapado entre dos horrores: el asesinato de una niña indefensa y la muerte violenta de un adolescente sin juicio. En el centro, un silencio que pesa más que cualquier confesión.

Shelsy no puede hablar.

El señalado se llevó sus razones a la tumba.

Y el pueblo sigue esperando respuestas que no llegan.


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