
Abuelo de 74 años hacia millones semanales vendiéndole droga a jóvenes en su casa
La Policía capturó en flagrancia a un adulto mayor acusado de coordinar la venta de estupefacientes desde su vivienda. La actividad ilícita, según las autoridades, generaba millonarios ingresos semanales y afectaba la seguridad del municipio.
La Policía capturó en Achí, Bolívar, a un adulto mayor que convirtió su casa en centro de microtráfico. Vecinos lo denunciaron porque los pelaos del barrio entraban y salían comprando marihuana, bazuco y cocaína como si fuera tienda de barrio.
A los 74 años no estaba cuidando nietos ni vendiendo rifas. Estaba moviendo droga. Mucha droga. Alias “El Abuelo” había montado en su propia casa un negocio de microtráfico que, según la Policía, le dejaba cerca de cinco millones de pesos semanales y tenía como principales clientes a los pelaos del sector.
El hombre manejaba el expendio con la frialdad de un comerciante viejo. Sabía horarios, rutas, proveedores y hasta a quién fiarle. Desde su vivienda en Achí, Bolívar, coordinaba la venta de marihuana tipo creepy, base de coca, bazuco y cocaína. No era un vendedor improvisado: era el eslabón que surtía a barrios cercanos y a distribuidores de localidades aledañas.
Fueron los mismos vecinos quienes lo entregaron. El movimiento en la casa ya no se podía disimular: muchachos entrando a cualquier hora, peleas en la esquina, consumo a plena luz del día. El barrio empezó a cambiarle de cara al miedo y decidieron hablar.
Con esas denuncias, la SIJIN armó el expediente. La Fiscalía autorizó un allanamiento y la Policía, con apoyo del Ejército, se le metió a la vivienda. Adentro encontraron el negocio montado: dosis listas para la venta, dinero en efectivo y todo un sistema casero para empacar y distribuir.
Las autoridades confirmaron que “El Abuelo” no era un simple consumidor ni un viejito utilizado por otros. Era el jefe del punto. Él recibía, dosificaba y vendía. Y también cobraba.
El impacto del expendio ya se sentía en la convivencia del municipio. Padres denunciaron que niños y adolescentes compraban droga en esa casa como quien compra un dulce. El lugar se había vuelto referencia obligada para el vicio y foco de riñas, robos y amenazas.

Tras la captura, el adulto mayor fue dejado a disposición de la Fiscalía por el delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes. Su edad no lo salvó del proceso. Tampoco del rechazo de un barrio que lo veía como el responsable de que muchos pelaos se perdieran temprano.
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La Policía de Bolívar fue clara: no habrá contemplaciones por canas ni por bastón. El microtráfico, dicen, se combate sin importar la cédula. Y en Achí, el negocio del “Abuelo” quedó desbaratado, aunque el daño que sembró en los jóvenes todavía no tiene quién lo repare.
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