A soldado lo mataron por saludar a una amiga: había pedido permiso para la fiesta de su bebé


El joven de 25 años, fue apuñalado en Sabanalarga por el ex de una mujer a la que saludó. Había pedido permiso para organizar la revelación de género de su bebé. Murió sin saber si sería niño o niña. Cómo pudo manejó con sus propias fuerzas hasta la clínica y allí se desplomó.

Salió a comprar lo que faltaba para celebrar la vida del hijo que venía en camino y terminó luchando por no perder la suya. Anderson de Jesús Muñoz Sarmiento, soldado profesional, recibió una puñalada en el pecho por saludar a una amiga. Durante 36 horas se aferró a sobrevivir, con la ilusión intacta de regresar donde su pareja embarazada. Murió sin lograrlo. Su hijo nacerá sin padre y sin que él haya sabido siquiera si era niño o niña.

Un permiso para celebrar, no para morir

Anderson tenía 25 años y llevaba apenas cinco días en Sabanalarga, Atlántico. Había solicitado un permiso especial en su unidad en Mompox para preparar, junto a su pareja, la revelación del sexo de su bebé, que ya tenía cinco meses en el vientre.

El plan estaba listo. La fecha marcada: 4 de abril. La emoción era evidente entre familiares y amigos.

La noche del 28 de marzo salió en su motocicleta a comprar los últimos detalles. Regresaba con bolsas, ideas y expectativas. En el camino se detuvo unos minutos. Vio a una conocida y la saludó. Nada más.
Ese gesto selló su destino.

Celos, obsesión y un ataque a sangre fría

Mientras conversaba, apareció Juan Sebastián Guerrero Ávila, expareja de la mujer. Según versiones de allegados, el hombre ya había mostrado comportamientos obsesivos y amenazas previas. No aceptaba la ruptura.

Al ver a Anderson junto a ella, asumió una relación que nunca existió.

Sacó un arma blanca y lo atacó directo al pecho. La herida fue profunda, letal. Comprometió órganos vitales: corazón y pulmón. El agresor huyó.

En la calle quedó el soldado, herido, sangrando, tratando de entender por qué un saludo terminó en violencia.

La última carrera

Con la herida abierta y el cuerpo fallando, Anderson logró subirse a su motocicleta. No esperó ayuda. Condujo hasta el hospital de Sabanalarga.

Llegó por sus propios medios. Se desplomó en la entrada.

Fue ingresado de urgencia, llevado a cirugía y luego trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica San Rafael. Su estado era crítico.

Durante 36 horas resistió.

Una lucha que no alcanzó

Los médicos hicieron todo lo posible. Su familia esperó. Su pareja, embarazada, aguardaba noticias aferrada a una esperanza que se fue apagando con las horas.

El domingo 29 de marzo, en la noche, Anderson murió.

Murió intentando volver. Murió intentando no dejar solo a su hijo.

Una celebración que se convirtió en duelo

La fiesta de revelación quedó suspendida. Los globos, los colores, la expectativa, todo se convirtió en silencio.

El bebé nacerá sin padre. Su nombre ya estaba listo para una celebración, ahora estará ligado a una historia de violencia absurda.

Anderson nunca supo si esperaba un niño o una niña.

El caso ha generado indignación en Sabanalarga. La víctima no tenía relación alguna con el conflicto. Su único acto fue saludar.

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El presunto agresor, quien habría manifestado intención de entregarse, permanece prófugo.
La familia exige justicia mientras enfrenta una pérdida que no admite explicación. Un saludo bastó para destruirlo todo.


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