A Sheridan y Keyla las mataron la misma noche y durante 13 días usaron su muerte para extorsionar a su madre


Las hermanas de 14 años y de 17, salieron en la medianoche del martes de Carnaval a encontrarse con hombres que conocieron por redes sociales. A su madre le dijeron “no nos molestes”. Después vinieron amenazas, exigencias de hasta 50 millones y videos con un revólver apuntándoles. La Policía habló de “autosecuestro”. Hoy están muertas.

No nos molestes”, fue la última frase que María Cruz Noriega escuchó de sus hijas antes de que cerraran la puerta de su casa. Era martes de Carnaval. Medianoche. Música en las calles y dos adolescentes con la ilusión de una fiesta y de ver a los “novios” que habían conocido apenas tres días antes por redes sociales.

Trece días después, el silencio terminó en una fosa clandestina.

Sheridan Sofía, de 14 años, y Keyla Nicol Hernández Noriega, de 17, salieron de su casa en el barrio La Sierrita, en Barranquilla. Una de ellas hablaba de un muchacho al que llamaban “Tata”. Desde esa noche nadie volvió a verlas con vida.

Las primeras horas fueron de incertidumbre. Luego llegaron los mensajes. Insultos. Amenazas. Exigencias de dinero. Primero 50 millones de pesos. Después 20. Finalmente cinco millones por cada una.

“Si no pagan, las vamos a matar”, le escribían a la madre.

A los mensajes los acompañaban fotos y videos. En uno de ellos, según relató María Cruz entre lágrimas, se veía a una de las menores llorando mientras le apuntaban con un revólver.

La mujer, trabajadora de casa de familia, no tenía cómo pagar. Aun así acudió al GAULA de la Policía Metropolitana de Barranquilla. Denunció. Llevó pruebas. Mostró los mensajes.

La respuesta, según la familia, fue devastadora: les dijeron que por la manera en que se habían ido podía tratarse de un “autosecuestro”. Que quizá todo era falso. Que no había certeza.

Durante 13 días la madre fue a diario a pedir información. No dormían. No comían tranquilos. Cada notificación en el celular era un golpe de miedo. Las jóvenes, que siempre avisaban cuando salían, no respondían. Nunca enviaron un mensaje tranquilizador.

El sábado 28 de febrero, un fuerte olor reveló lo que había sucedido. Habitantes de una invasión en el barrio Maranatha, en Malambo, alertaron a las autoridades por un hedor que salía de una zona enmontada. Peritos del CTI excavaron y encontraron dos cuerpos enterrados en avanzado estado de descomposición.

Posteriormente, Medicina Legal confirmó lo que la familia temía: eran Sheridan y Keyla.

Estuvieron en fiesta de la banda Los Costeños

Versiones preliminares, aún no confirmadas oficialmente, indican que las adolescentes habrían llegado a una vivienda donde se realizaba una fiesta en la que participaban integrantes de la estructura criminalLos Costeños’. Se habla de un conflicto interno, de señalamientos y de una presunta acusación contra una de las jóvenes.

Según esas mismas versiones, las habrían asesinado entre la noche del martes y la madrugada del miércoles de Ceniza, en días distintos. Por eso, durante la extorsión, solo enviaban imágenes de la menor de 14 años: necesitaban sostener la mentira de que ambas seguían vivas para seguir presionando el pago.

Mientras tanto, la madre esperaba. Rezaba. Suplicaba atención. Hoy llora frente a dos tumbas.

No sabe dónde está “Tata”. No sabe quiénes estuvieron en esa fiesta. No entiende por qué nadie reaccionó cuando mostró los videos.

La tragedia deja preguntas que golpean más que el silencio: ¿qué pasó realmente en esa casa? ¿Quiénes participaron? ¿Por qué no se activaron con urgencia los protocolos cuando había amenazas y pruebas?

Lea aquí: Salieron a encontrarse con amigos y terminaron enterradas: la historia cruel de las hermanas halladas muertas y sepultadas en Malambo

Sheridan tenía 14 años. Keyla, 17. Salieron a una fiesta en Carnaval. Regresaron muertas.


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