
A sacerdote lo obligaron a usar megáfono para pedirle rendición de la Policía en pleno ataque guerrillero
Durante más de diez horas de hostigamiento armado en Buenos Aires, hombres armados obligaron al sacerdote del municipio a usar un megáfono para pedir la rendición de 17 policías, mientras explosivos y disparos mantenían confinada a la población civil.
La guerra se metió a la iglesia y usó la voz del párroco como arma. En Buenos Aires, Cauca, en medio de más de diez horas de hostigamiento armado, hombres armados forzaron al sacerdote del municipio a tomar un megáfono y pedirles a los policías que se rindieran. No fue una mediación voluntaria ni un llamado humanitario. Fue una orden bajo amenaza, emitida mientras las balas seguían cruzando las calles del pueblo.
El mensaje fue claro y perturbador. Desde la iglesia, el párroco tuvo que decirles a los uniformados atrincherados que entregaran las armas, que se rindieran, que supuestamente les respetarían la vida.
Afuera, el fuego no cesaba. Adentro, la población permanecía confinada, escuchando disparos, explosiones y la voz temblorosa de un líder religioso convertido en instrumento de presión psicológica.
El ataque no solo fue contra la estación de Policía. Fue contra todo el municipio. Las autoridades confirmaron la instalación de varios artefactos explosivos. Algunos lograron ser detonados de manera controlada; otros quedaron sin estallar, aumentando el riesgo para civiles que no podían salir de sus casas. El miedo fue total y prolongado. Nadie sabía cuándo terminaría.
Durante la ofensiva, 17 policías resistieron sin apoyo inmediato del Ejército. Los refuerzos llegaron cinco horas y cuarenta y cinco minutos después, una demora que hoy genera fuertes cuestionamientos. Más aún cuando Buenos Aires está a cerca de una hora de Cali. La espera, en medio del asedio, dejó a los uniformados expuestos y a la población a merced del fuego cruzado.
Pedirán explicaciones formales
El alcalde del municipio reconoció que en episodios anteriores el respaldo de la Fuerza Pública había sido más rápido. Esta vez no. Por eso anunció que viajará a Bogotá para exigir explicaciones formales y advirtió que lo ocurrido será tema central del próximo consejo de seguridad. La tardanza, dijo, no puede repetirse.
Para los habitantes de Buenos Aires, lo sucedido marcó un límite peligroso. No solo atacaron una estación de Policía. Obligar a un párroco a pedir la rendición en medio del combate fue una señal de hasta dónde puede llegar el conflicto.
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