A reconocida Influencers la mataron en su propia casa y el empleado desapareció con su dinero y joyas


Medicina Legal confirmó que la creadora de contenido fue asesinada con arma cortante en su vivienda de Punta Arena. El principal sospechoso es un trabajador de confianza que se esfumó tras el crimen y habría huido con pertenencias de la víctima.

Iliana Cervantes abrió la puerta de su casa y también la de su vida. El hombre al que le dio trabajo, llaves y confianza es hoy el principal sospechoso de haberla matado y de escapar con su dinero y sus joyas.

Medicina Legal confirmó lo que en Punta Arena nadie quería creer: la creadora de contenido de 53 años no murió por un accidente ni por un hecho repentino. Fue asesinada dentro de su vivienda, en el sector de El Colegio, isla de Tierra Bomba, frente a Cartagena. Un corte profundo en el cuello cerró cualquier otra hipótesis.

Desde ese día, “José”, su empleado más cercano, desapareció.

El silencio fue la primera alarma. Iliana, conocida por contar su vida en redes sociales, dejó de publicar, de responder mensajes y de atender llamadas. Para una mujer que vivía conectada con su comunidad digital, esa ausencia era imposible de ignorar. Cuando familiares y amigos decidieron ir hasta el apartamento, encontraron lo impensable: el cuerpo sin vida y un desorden que hablaba de violencia.

La escena tenía otra evidencia: faltaban cosas. Dinero en efectivo y varias joyas que, según los vecinos, solo alguien de absoluta confianza sabía dónde estaban guardadas. Ese detalle llevó todas las miradas hacia el mismo nombre.

José” había trabajado con ella durante años. Entraba y salía de la casa, manejaba encargos, conocía sus rutinas y los espacios más íntimos del hogar. Para Iliana era casi parte de la familia. Para los investigadores, hoy es su posible asesino.

Testigos aseguran que el hombre no volvió a verse en la isla después del crimen. Su último rastro lo ubica en el muelle del mercado de Bazurto, en Cartagena, punto habitual de salida hacia el continente. Desde entonces, nadie responde por él.

En Punta Arena el golpe fue doble: perdieron a una mujer querida y también la sensación de seguridad. Los vecinos describen la zona como tranquila, un lugar donde todos se conocen. Por eso duele más la traición que la propia violencia.

Las autoridades trabajan sobre un móvil de hurto agravado por homicidio. La hipótesis es simple y brutal: matar para robar, usando la cercanía como llave de entrada. Lo que no es simple es entender cómo alguien que compartió mesa y techo pudo convertirse en verdugo.

Iliana construyó su nombre mostrando su cotidianidad: el mar, la familia, la risa fácil. Nunca imaginó que esa misma casa que exhibía con orgullo sería el escenario de su muerte.

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Por ahora solo hay una certeza: la mujer que vivía conectada con todos fue asesinada en el lugar donde se sentía más segura, y el único que podía explicar lo ocurrido decidió desaparecer.


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