
A los indígenas los siguen matando: otro Wiwa fue asesinado a bala en la cuenca del Ranchería
El defensor de derechos humanos Lerber Dimas alertó sobre un nuevo homicidio contra el pueblo Wiwa. José Miguel Mojica Conchagui fue asesinado a tiros en zona rural de San Juan del Cesar, La Guajira, cerca del lugar donde meses atrás mataron a la etnoeducadora Elisabeth Mojica. Piden acciones urgentes del Estado.
A los indígenas los siguen matando. La frase, repetida con rabia y cansancio por el defensor de derechos humanos Lerber Dimas, volvió a encender las alarmas tras el asesinato de José Miguel Mojica Conchagui, integrante del pueblo Wiwa, ocurrido en la cuenca del río Ranchería, jurisdicción de San Juan del Cesar, en La Guajira.
El crimen fue cometido con arma de fuego, en un territorio que debería ser protegido por su valor ancestral y ambiental, pero que hoy sigue siendo escenario de violencia sistemática contra los llamados hermanos mayores de la Sierra Nevada de Santa Marta.
La denuncia pública fue hecha por Dimas a través de la red social X, donde advirtió que el homicidio ocurrió muy cerca del lugar en el que también fue asesinada la etnoeducadora Wiwa Elisabeth Mojica, un hecho que permanece impune y que profundizó el miedo entre las comunidades indígenas asentadas en esta región del norte del país.
“No son hechos aislados”, insistió el defensor. “Se trata de una violencia que se está ensañando contra los pueblos indígenas, mientras las alertas tempranas siguen sin materializarse”.
Ante este nuevo asesinato, Dimas urgió la implementación inmediata de la Alerta Temprana 020 de 2025, emitida por la Defensoría del Pueblo, y pidió el acompañamiento efectivo de la ONU Derechos Humanos para frenar la escalada de homicidios en territorios indígenas.
El crimen de José Miguel Mojica Conchagui se suma a una lista que crece en silencio, mientras las comunidades Wiwa, Kogui, Arhuaco y Kankuamo siguen reclamando garantías mínimas para vivir en paz en sus territorios ancestrales.
En la Sierra Nevada, la violencia no da tregua. Y cada nuevo asesinato vuelve a dejar la misma pregunta sin respuesta: ¿cuántos más tienen que morir para que el Estado actúe?
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