A alias Nair lo esperaron que saliera de la cárcel, lo mataron a tiros y tiraron su cuerpo en una trocha en pueblo de Magdalena


Había recuperado la libertad tras pagar condena por el abuso sexual de una adulta mayor. Cuando intentaba retomar su vida, fue emboscado en zona rural de Santa Inés.

A Nair Andrés Llerena de Aguas lo mataron con la misma frialdad con la que lo esperaron. Salió de la cárcel, volvió a caminar por las calles de su pueblo y, cuando parecía que retomaba la rutina, lo cazaron a tiros. Su cuerpo apareció tendido a un costado de la carretera, en una trocha del corregimiento de Santa Inés, zona rural de Tenerife.

Tenía 28 años y un pasado que lo perseguía. Las autoridades confirmaron que había recuperado recientemente la libertad tras cumplir condena por un delito que lo marcó ante todo el departamento: el abuso sexual de una mujer de 80 años en el municipio de Plato.

El hallazgo ocurrió la tarde del miércoles. Campesinos que transitaban por el camino destapado vieron el cadáver entre la maleza y avisaron a la Policía.

Llerena presentaba múltiples impactos de bala. No había testigos directos, ni cámaras, ni un rastro claro de los responsables. La escena fue acordonada mientras peritos de la Sijín realizaban el levantamiento del cuerpo y buscaban evidencias en un terreno que, al caer la tarde, queda prácticamente desierto.

“Lo dejaron tirado como a un animal”, comentó en voz baja un vecino que observaba desde lejos. Nadie se atrevía a decir más.

Un crimen sin respuestas

Las primeras hipótesis apuntan a un ataque dirigido. A Nair no lorobaron. No hubo forcejeo. Todo indica que lo esperaron, lo identificaron y dispararon sin mediar palabra.

Las autoridades revisan rutas de escape y testimonios de quienes lo vieron horas antes con vida. Sin embargo, el miedo pesa más que la voluntad de hablar. En Santa Inés todos se conocen, y también saben que en estos casos preguntar demasiado puede salir caro.

Hasta ahora no hay capturas ni un móvil claro. El comandante de la Policía en Magdalena pidió colaboración ciudadana, pero en la zona rural de Tenerife la gente aprendió a callar para sobrevivir.

El pasado que lo condenó

El nombre de Nair Andrés Llerena no era desconocido. En 2021 fue capturado por un caso que indignó a Plato: ingresó a una vivienda del barrio Villa María con la intención de robar y terminó abusando sexualmente de una mujer de 80 años.

Según la Fiscalía, actuó de forma sigilosa, aprovechó la indefensión de la víctima y la sometió dentro de su propia casa. El hecho estremeció al municipio. Días después, presionado por la búsqueda policial, se entregó voluntariamente.

Un juez lo envió a prisión por acceso carnal violento agravado. Pasó varios años tras las rejas y hace poco había recuperado la libertad. Volvió a su corregimiento con la intención de empezar de nuevo, pero el pasado lo alcanzó más rápido que cualquier oportunidad.

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Mientras los investigadores tratan de establecer si su historial judicial está relacionado con el asesinato, el cuerpo de Nair ya fue entregado a su familia.


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