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Sin recuperarse de los vendavales, bananeros de Magdalena vuelven a sufrir pérdidas por las lluvias


Las lluvias del sábado golpearon las fincas de un municipio que todavía enfrenta las consecuencias de los fuertes vientos. Además de la producción, está en riesgo el sustento de las familias que dependen del jornal.

Zona Bananera no termina de recuperarse de los vendavales y ya enfrenta otra emergencia. Las fuertes lluvias del sábado inundaron terrenos dedicados al cultivo de banano y volvieron a poner en dificultades a productores y trabajadores que dependen de la actividad agrícola para sostener a sus familias.

En las fincas afectadas, el agua cubrió los suelos y alcanzó las plantaciones. A los daños que dejaron los vientos se suma ahora una inundación que compromete la producción y amenaza con prolongar las dificultades económicas del sector.

La preocupación va más allá de las matas afectadas. Cada jornada en la que una finca no puede operar pone en riesgo el ingreso de quienes viven del trabajo diario. Para muchos hogares del municipio, el jornal permite comprar los alimentos y responder por los gastos más urgentes.

Una emergencia sobre otra

La fragilidad del sector ya había sido advertida el pasado 26 de septiembre por José Francisco Zúñiga, presidente de la Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira (Asbama). En ese momento, el dirigente reportó que el municipio había sufrido, el día anterior, el sexto evento de fuertes vientos en lo corrido del año.

“Difícil situación en el municipio Zona Bananera, Magdalena”, expresó entonces, al informar sobre nuevas afectaciones en los cultivos.

Su advertencia describía una combinación de dificultades: los constantes impactos climáticos, una tasa de cambio a la baja que reduce los ingresos de los exportadores y los crecientes problemas de seguridad. Según señaló, esas condiciones ponían en riesgo a miles de familias productoras.

Casi un mes después, las lluvias vuelven a golpear esa misma economía. Los productores enfrentan nuevos daños mientras todavía cargan con los costos de las emergencias anteriores, en un escenario que reduce su capacidad para recuperarse.

El temor de perder el jornal

Las afectaciones reportadas alcanzan tanto a pequeños productores como a grandes fincas bananeras. Aunque se habla de pérdidas millonarias, aún falta establecer el número de hectáreas inundadas, el volumen de producción comprometida y el valor definitivo de los daños.

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La permanencia del agua en los terrenos mantiene la incertidumbre sobre la recuperación de los cultivos y la posibilidad de retomar las labores. Para los trabajadores, esa espera también significa preocupación por la continuidad del empleo y el pago de sus jornadas.

El banano sostiene buena parte de la actividad económica del municipio. Por eso, una emergencia en las fincas termina repercutiendo en los hogares, las tiendas y otros negocios que dependen del movimiento que genera el campo.

Una advertencia que cobra fuerza

En septiembre, antes del inicio de Fruit Attraction en Madrid, Zúñiga había llamado a los supermercados y compradores internacionales a reconocer las dificultades de los productores durante las negociaciones de precios para 2027. Su petición fue avanzar hacia pagos más justos y con mayor responsabilidad social, que contribuyeran a sostener la actividad.

Las nuevas inundaciones hacen más urgente esa discusión. Los productores deben responder por los costos del cultivo y la recuperación de sus fincas, mientras los fenómenos climáticos siguen comprometiendo sus cosechas.

En Zona Bananera, la emergencia vuelve a medirse en terrenos anegados, plantas afectadas y jornadas de trabajo en riesgo. Sin terminar de levantarse de los daños del viento, las familias del campo enfrentan ahora el agua y la incertidumbre de cuánto tardarán en volver a producir.


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