
La historia de ‘Alvarito’, el árbitro que salió a visitar a un amigo en Aracataca y terminó asesinado
Álvaro Farael Álvarez De Ávila era ampliamente conocido en el barrio La Paz, en Santa Marta, por su participación durante años como árbitro de torneos comunitarios. Había viajado para visitar a un amigo cuando fue víctima de un ataque armado que acabó con su vida. Entre jugadores, dirigentes y compañeros todavía cuesta asimilar la noticia.
Álvaro Farael Álvarez De Ávila salió de Santa Marta para visitar a un amigo y terminó regresando convertido en la noticia que nadie esperaba recibir. Al hombre que durante años vieron corriendo detrás de un balón, pitando faltas y poniendo orden en los partidos del barrio La Paz, lo asesinaron a tiros en Aracataca.
Para muchos era simplemente “Alvarito”. Su nombre estaba ligado a los torneos de fútbol comunitario y a esas jornadas deportivas en las que jugadores, árbitros, organizadores y vecinos terminan conociéndose durante años.
Por eso su asesinato trascendió rápidamente el escenario judicial. En La Paz la noticia golpeó a una comunidad que lo conocía de las canchas y que ahora intenta entender cómo un viaje para compartir con un amigo terminó convirtiéndose en su última salida.
Fue a visitar a un amigo y jamás regresó
Álvaro había salido de Santa Marta con un propósito que parecía cotidiano: visitar y compartir con un conocido. El viaje lo llevó hasta Aracataca, donde finalmente ocurrió el ataque que terminó con su vida.
Hombres armados lo atacaron a tiros y las heridas fueron mortales. Las circunstancias exactas del homicidio permanecen bajo investigación y serán las autoridades las encargadas de establecer quiénes participaron y qué motivó el crimen.
La noticia comenzó a circular rápidamente hasta llegar a quienes lo conocían en Santa Marta.
Detrás del nombre de la nueva víctima había una historia conocida especialmente en La Paz: la de un hombre que durante años había estado vinculado al fútbol del barrio.
El árbitro de los torneos de La Paz
“Alvarito” era uno de esos rostros habituales en los campeonatos comunitarios. Su papel era arbitrar, aplicar el reglamento y tomar esas decisiones que inevitablemente provocaban reclamos, discusiones y celebraciones dentro de una cancha.
Pero los años hicieron que su presencia terminara significando mucho más que llevar un pito y controlar un partido.
Jugadores, organizadores y otros árbitros se acostumbraron a encontrarlo en las jornadas deportivas. Fue acompañando generaciones de futbolistas aficionados y haciendo parte de campeonatos que para muchos habitantes del sector representan uno de sus principales espacios de integración.
Álvaro terminó convertido en parte de esa pequeña historia deportiva que se construye cada fin de semana en los barrios.
“Alvarito” era un rostro conocido en las canchas
Quienes frecuentaban los escenarios deportivos de La Paz sabían quién era. Durante años estuvo relacionado con las actividades futbolísticas del sector y su nombre se volvió familiar entre quienes participaban en los campeonatos.
La noticia de su muerte golpeó precisamente por esa cercanía.
Ya no se trataba únicamente de conocer que un hombre había sido asesinado en Aracataca. Para muchos jugadores y habitantes era enterarse de que habían matado al árbitro que habían visto decenas de veces dentro de una cancha, al conocido con el que habían compartido jornadas enteras alrededor del fútbol.
Desde que se conoció el homicidio, las expresiones de tristeza comenzaron a multiplicarse entre personas vinculadas al deporte comunitario.
El dolor llegó desde Aracataca hasta La Paz
El crimen ocurrió lejos de su barrio, pero sus consecuencias llegaron directamente hasta La Paz.
Familiares, amigos, deportistas y conocidos recibieron la noticia de una muerte que tomó por sorpresa a quienes horas antes ignoraban que aquel viaje terminaría de la peor manera.
Su asesinato dejó además una ausencia que se hará evidente cuando vuelvan los partidos. Porque los torneos comunitarios también se construyen alrededor de quienes durante años los organizan, juegan, arbitran o simplemente permanecen vinculados a ellos.
Y “Alvarito” había sido uno de esos hombres.
Ahora esperan respuestas por su asesinato
Mientras la comunidad deportiva lo despide, las autoridades avanzan en las investigaciones para esclarecer el homicidio.
Familiares y allegados esperan que se determine quiénes fueron los responsables y, especialmente, por qué Álvaro terminó convertido en objetivo de un ataque armado durante aquella visita a Aracataca.
En La Paz, entretanto, su historia se cuenta desde otro lugar. Antes del homicidio estuvo el árbitro, los campeonatos, los fines de semana alrededor del balón y los años compartidos con una comunidad que terminó conociéndolo simplemente como “Alvarito”.
Salió de Santa Marta para visitar a un amigo. Nunca imaginó que sería su último viaje. Ahora, en las mismas canchas donde tantas veces hizo sonar su pito para terminar un partido, quienes lo conocieron enfrentan un final mucho más difícil de aceptar: esta vez, para “Alvarito”, el encuentro terminó para siempre.
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