El error que delató a Naín: encendió un celular, hizo una llamada y la inteligencia llegó hasta su escondite


Durante días, organismos de inteligencia habían reducido el área en la que se escondía Naín Andrés Pérez Toncel, alias ‘Bendito Menor’. Sin embargo, faltaba establecer el punto exacto. Una llamada desde uno de los teléfonos que cargaba habría terminado de cerrar el cerco. La señal permitió georreferenciar su ubicación y desencadenó el operativo en el que murió junto a su pareja y varios de sus escoltas.

Naín Andrés Pérez Toncel sabía que lo estaban buscando. Había cambiado sus movimientos, permanecía rodeado de hombres armados y cargaba varios celulares mientras intentaba escapar del enorme aparato de inteligencia desplegado para encontrarlo. Pero habría bastado un movimiento para terminar de delatarse: encendió uno de esos teléfonos e hizo una llamada.

Ese habría sido el error que permitió establecer con precisión dónde se encontraba alias ‘Bendito Menor’, uno de los delincuentes más buscados del país y cabecilla de los Conquistadores de la Sierra.

Fuentes enteradas del operativo aseguraron que desde la semana pasada los organismos de inteligencia ya habían logrado establecer el área por la cual se estaba moviendo el hombre de 29 años. Tenían información, seguían pistas y contaban con datos provenientes de informantes y agencias externas. Lo que todavía faltaba era lo más difícil: encontrar el punto exacto.

El propio Naín habría terminado entregándolo.

El celular que rompió el escondite

“Fue definitivo que prendiera uno de los celulares que cargaba para hacer una llamada. Eso nos permitió ubicar georreferencialmente el punto exacto donde estaba”, aseguró una fuente conocedora de la operación.

A partir de ese momento, el cerco se cerró.

La información obtenida se sumó al trabajo que venían desarrollando las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, además de datos suministrados por organismos de inteligencia y agencias externas. Entre las entidades que, según las fuentes, aportaron información relevante aparece la DEA.

La madrugada de este viernes 4 de septiembre terminó la búsqueda.

Un comando de Fuerzas Especiales llegó hasta un inmueble del barrio Los Olivos, en Riohacha, donde se encontraba Naín junto con su compañera sentimental, Rosa Angélica Tarazona, conocida como alias ‘La Bebecita’, y varios de sus escoltas.

El operativo terminó con la muerte del cabecilla, su pareja y hombres de su esquema de seguridad.

De perseguido a localizado

La caída resulta especialmente llamativa por el nivel de exposición que el propio Naín había construido durante los últimos meses. Mientras las autoridades lo buscaban, aparecía en videos difundidos en redes sociales, lanzaba mensajes y retos, exhibía hombres armados y convertía parte de su vida criminal en contenido público.

Lea aquí: «Les cayó la mano de hierro»: Abelardo confirma que alias ‘Bendito Menor’ fue dado de baja

Esa conducta, según información conocida, ya estaba causando molestias dentro de la propia estructura.

Otros cabecillas consideraban que los videos, las provocaciones y la exposición permanente estaban elevando el riesgo para todos. Cada aparición podía entregar información sobre sus movimientos, acompañantes, zonas de influencia o rutinas.

Incluso, las autoridades analizan información según la cual personas cercanas a la organización pudieron haber suministrado datos que contribuyeron a ubicarlo. Hasta ahora, esa posibilidad forma parte de las líneas alrededor de la operación y no se ha establecido públicamente quién habría entregado información.

Ya conocían la zona, faltaba encontrar la casa

Ese detalle permite entender por qué la llamada habría resultado determinante.

Los organismos de inteligencia no comenzaron a buscar a Naín después de que encendiera el teléfono. El trabajo venía desde días atrás y ya había permitido reducir considerablemente el territorio en el que podía encontrarse.

Había información de fuentes humanas, seguimiento de inteligencia y cooperación de agencias externas. El problema era pasar de conocer un área general a identificar el lugar exacto donde permanecía protegido.

La activación del celular habría llenado ese vacío.

Con la georreferenciación obtenida tras la llamada, las unidades pudieron concentrar la operación sobre el inmueble de Los Olivos. Allí terminó la persecución contra uno de los principales objetivos de las autoridades en el Caribe colombiano.

Una vida criminal que creció rápidamente

Naín Pérez Toncel llevaba cerca de cuatro años dentro de la estructura criminal. Según la información conocida, comenzó como sicario y rápidamente ganó posiciones hasta asumir, desde 2021, el control de grupos urbanos que operaban principalmente en La Guajira.

Su poder fue creciendo junto con su exposición.

Las autoridades lo vinculaban con homicidios, amenazas y acciones de control social ilegal en diferentes municipios. Uno de los episodios que mostró hasta dónde pretendía imponer sus propias reglas fue la orden de cercenar las orejas a un ciudadano venezolano al que señalaban de haber abusado de una menor.

También era investigado por ordenar acciones violentas mientras mantenía una vida que contrastaba con su condición de prófugo. Hace pocas semanas se habría casado con alias ‘La Bebecita’ en una playa de Palomino.

Mientras celebraba su matrimonio y seguía apareciendo públicamente, los organismos de inteligencia continuaban siguiéndole el rastro.

El hombre que desafiaba a las autoridades terminó dejando una señal

El operativo de Los Olivos cerró una persecución que había involucrado a distintas capacidades de inteligencia del Estado y cooperación internacional. El presidente Abelardo De La Espriella llegó durante la mañana de este viernes al Batallón Cartagena, en La Guajira, para conocer los detalles y presentar oficialmente los resultados al país.

Sin embargo, detrás del despliegue militar y policial aparece un detalle aparentemente sencillo que habría cambiado todo.

Naín podía esconderse, cambiar de lugar, movilizar escoltas y tratar de reducir sus comunicaciones. Las autoridades ya estaban cerca, pero necesitaban saber exactamente dónde estaba.

Entonces encendió uno de sus celulares. Hizo una llamada.

Y la señal que salió de ese aparato habría terminado conduciendo a los organismos de inteligencia hasta el inmueble donde se encontraba. El hombre que durante meses utilizó las comunicaciones y las redes para desafiar a las autoridades habría terminado dejando, precisamente a través de un teléfono, la pista definitiva para encontrarlo.


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