La caída de ‘Bendito Menor’ abre otro peligro: “Viene el desorden criminal para La Guajira”


El defensor de derechos humanos y director de la Plataforma de Defensores de Derechos Humanos de la Sierra Nevada, Lerber Dimas, advierte que la muerte de Naín Pérez Toncel representa un fuerte golpe contra la criminalidad, pero está lejos de significar el fin de la violencia. Según su análisis, el señalado cabecilla se había declarado en disidencia de las ACSN y su desaparición deja un vacío de poder que otros grupos intentarán ocupar. El riesgo ahora es una nueva disputa que convierta a La Guajira en escenario de más sangre.

La muerte de Naín Pérez Toncel, alias ‘Bendito Menor’, cierra una carrera criminal corta pero violenta. Sin embargo, el operativo que acabó con uno de los hombres más buscados del Caribe puede abrir inmediatamente otro problema: una pelea por quedarse con los hombres, las rentas ilegales y el territorio que quedaron sin jefe.

Esa es la principal advertencia de Lerber Dimas, defensor de derechos humanos y director de la Plataforma de Defensores de Derechos Humanos de la Sierra Nevada, quien considera que el Estado consiguió un resultado importante al neutralizar a Pérez Toncel, pero ahora enfrenta un reto posiblemente más complejo: impedir que el vacío dejado por su muerte desate una nueva guerra criminal en La Guajira.

“Viene el desorden criminal para La Guajira. Esto hay que saberlo sortear, hay que fortalecer, hay que rodear a las autoridades para evitar que La Guajira se convierta en un baño de sangre”, advirtió Dimas.

Una carrera corta que dejó una “estela de maldad”

Para el investigador, ‘Bendito Menor’ tuvo un ascenso rápido dentro del mundo criminal. Calcula que había ingresado hacía tres o cuatro años a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) y llegó a convertirse en comandante del Frente Urbano Especial de La Guajira, perteneciente al bloque Libardo Vergel.

Bajo su mando, según Dimas, habría tenido alrededor de 20 hombres y una función especialmente violenta: coordinar acciones de sicariato.

“La muerte de alias Naín, ‘Bendito Menor’, y alias ‘La Bebecita’ pone fin a una carrera corta, criminal, que dejó una estela de maldad en La Guajira y en varios territorios”, señaló.

El experto sostiene que Pérez Toncel había entrado en confrontación con otras estructuras criminales, entre ellas los denominados ‘JJ’ y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Esas disputas habrían contribuido al deterioro de la seguridad en Riohacha y otros sectores del departamento.

La consecuencia puede medirse, según Dimas, en muertos. El defensor asegura que Riohacha se acerca al centenar de homicidios, una cifra que considera alarmante y que refleja la intensidad de las disputas criminales que se vienen desarrollando en el territorio.

“Se atrevió a desafiar a dos presidentes”

Dimas también pone sobre la mesa un elemento que convirtió a Naín en un criminal particularmente visible: su exposición pública.

“Fue una persona que se atrevió a desafiar a dos presidentes y fue abatido”, afirmó.

Bendito Menor’ utilizó durante meses las redes sociales para exhibirse, responder a las autoridades y construir alrededor de su figura una imagen de poder. Esa exposición terminó convirtiéndose, según el defensor de derechos humanos, en su principal punto de quiebre.

Pero Dimas advierte sobre una consecuencia que va más allá del propio Naín. La constante presencia del cabecilla en redes terminó convirtiéndolo en una especie de referente para algunos jóvenes que observaban el dinero, las armas, las mujeres y la aparente impunidad, pero dejaban de lado la violencia que existía detrás de esa vida.

“La validación que tuvo alias ‘Bendito Menor’ por las redes sociales, que fue su punto de quiebre, generó que mucha gente lo viera como un referente, muchos jóvenes lo vieran como un referente exitoso dentro del mundo del hampa y quieran seguir sus pasos”, explicó.

Ese fenómeno, advierte, puede sobrevivir incluso después de su muerte.

El vacío que queda puede resultar peligroso

Para Dimas, celebrar el golpe contra ‘Bendito Menor’ sin mirar lo que viene sería un error. La desaparición de un jefe criminal rara vez significa que desaparezcan automáticamente sus hombres, sus negocios o los territorios donde ejercía influencia.

Y allí comienza el problema.

“Le gana a la delincuencia, pero genera también una inquietud grande y es qué va a pasar de ahora en adelante, porque finalmente quedan unos vacíos de poder que van a ser llenados por otras personas o por otros grupos”, explicó.

En otras palabras, la muerte de Naín puede despertar el interés de organizaciones rivales, mandos inferiores o nuevos jefes que intenten quedarse con lo que controlaba. Si esa reorganización ocurre mediante las armas, La Guajira podría entrar en una etapa de retaliaciones, ajustes de cuentas y nuevos homicidios.

Por eso, para el defensor de derechos humanos, el éxito del operativo no debería medirse únicamente por la muerte del cabecilla. El verdadero resultado dependerá de lo que ocurra en las próximas semanas y de la capacidad de las autoridades para evitar que otro hombre simplemente ocupe su puesto.

Naín se habría rebelado contra las ACSN

Dimas aporta además un elemento que cambia la lectura sobre los últimos meses de ‘Bendito Menor’. Según su información, Pérez Toncel ya se había declarado en disidencia de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada y había dejado de obedecer las órdenes de sus superiores.

Ya no acataba las órdenes ni los mandos. Se había declarado en disidencia”, aseguró.

Eso significa que, aunque durante años fue identificado como integrante y cabecilla de las ACSN, en su etapa final habría comenzado a actuar con mayor autonomía. La situación habría convertido al propio Naín en un problema para la organización a la que perteneció.

“Ellos también se quitan un problema de encima, que es alias ‘Bendito Menor’, porque ya no obedecía la línea de mando”, agregó Dimas.

Esta circunstancia hace todavía más incierto el panorama. Si Naín estaba actuando por fuera de la estructura y mantenía alrededor de 20 hombres bajo su control, queda por establecer qué ocurrirá con ese componente armado tras su muerte: si regresará a las ACSN, se fragmentará, será absorbido por organizaciones rivales o aparecerá un nuevo jefe.

El reto comienza después de Naín

La operación que terminó con Pérez Toncel y su pareja, Rosa Angélica Tarazona, alias ‘La Bebecita’, representa un golpe contundente contra una estructura que venía generando preocupación en La Guajira. Para Dimas, el Gobierno consiguió cumplir el objetivo que se había trazado contra uno de los criminales más visibles de la región.

Pero matar al jefe no desmantela necesariamente el negocio.

El desafío para las autoridades comienza ahora: identificar a los hombres que quedaron sin mando, evitar retaliaciones, anticiparse a posibles alianzas y contener cualquier intento de otras estructuras por apoderarse de los espacios que controlaba ‘Bendito Menor’.

La advertencia de Lerber Dimas es concreta: después de Naín puede venir el desorden criminal.

Y si el Estado no ocupa rápidamente el espacio que dejó el cabecilla, alguien más intentará hacerlo. En La Guajira, donde las disputas ya vienen cobrando decenas de vidas, esa sucesión podría resolverse de la peor manera: a bala.


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