Aceptó salir y tomar cervezas con Rafael Poveda y luego lo denunció por abuso: la explicación de mujer sobre por qué “no pudo decir que no”


La denuncia de Sofía Vela Mejía contra el reconocido periodista Rafael Poveda abrió una controversia que trascendió el terreno judicial. La mujer asegura que fue víctima de abuso sexual y explica que permaneció en “modo supervivencia”; al mismo tiempo, algunos apartes de su propio relato sobre las cervezas que compartieron, su decisión de acompañarlo hasta su vivienda y conversaciones posteriores han sido utilizados en redes para cuestionar si Poveda pudo interpretar que existía interés de su parte.

El caso que sacude por estos días al periodismo colombiano tiene dos versiones enfrentadas y una pregunta que solamente la justicia podrá resolver: ¿qué ocurrió realmente aquella noche entre Rafael Poveda y Sofía Vela Mejía?

La abogada y activista decidió señalar públicamente al reconocido periodista del podcast Más Allá del Silencio de un presunto abuso sexual ocurrido cuando ella tenía 29 años. Su testimonio fue divulgado por Brava News y el colectivo Yo Te Creo Colega y posteriormente se conoció que el caso fue puesto en conocimiento de la Fiscalía General de la Nación.

Poveda rechaza los señalamientos, reclama su presunción de inocencia y anunció que enfrentará el proceso acompañado de sus abogados.

Sin embargo, más allá del expediente judicial, el relato detallado de Vela provocó una enorme discusión en redes sociales. Algunos usuarios consideran que determinadas decisiones narradas por ella podrían haber sido interpretadas por Poveda como señales de interés. Vela sostiene exactamente lo contrario: asegura que su aparente pasividad no significaba consentimiento y que respondió de esa manera porque quedó paralizada ante una situación que relacionó con experiencias traumáticas anteriores.

Ese es precisamente el punto más complejo del caso.

“Rafael Poveda me invitó a un café”

Sofía Vela relató que conoció personalmente a Poveda durante el cierre de un curso de presentación organizado por la productora del periodista.

Para ella, según explicó, Poveda era una figura reconocida dentro del oficio al que comenzaba a acercarse. Cuando él destacó su desempeño y posteriormente la invitó a continuar conversando, Vela asegura que interpretó inicialmente la invitación desde una perspectiva profesional.

“Él empezó a decirme que le había gustado lo que yo había hecho. Para mí era muy emocionante porque yo no estudié periodismo”, relató.

Después llegó la invitación.

“Rafael Poveda me invitó a un café. Sentí que era una gran oportunidad”, recordó la mujer.

Según su versión, ambos abordaron el vehículo del periodista y durante el recorrido la conversación comenzó a cambiar. Vela asegura que Poveda empezó a elogiar sus características físicas mientras ella trataba de llevar nuevamente el diálogo hacia su desempeño frente a las cámaras.

“Él empieza a hablar de mis características físicas y yo sentí como una piedra de cien toneladas encima”, contó.

La mujer afirma que Poveda posteriormente puso una mano sobre su pierna.

Las cervezas y una frase que se convirtió en el centro de la discusión

La pareja llegó posteriormente a un establecimiento donde consumieron cerveza.

Este episodio resulta especialmente relevante porque Vela reconoce que recibió varias bebidas, pero sostiene que internamente se sentía incapaz de negarse.

Él pidió por mí. Yo no pude decir que no. Después pidió otra y otra cerveza”, aseguró.

De acuerdo con su relato, mientras permanecían debajo de la mesa Poveda continuaba tocándole la pierna.

“Yo me sentía absolutamente acorralada. En verdad, yo no podía hacer nada más”, afirmó.

Después, según la denunciante, Poveda le propuso continuar tomando cerveza en su vivienda. Ella aceptó acompañarlo.

Precisamente esa decisión es uno de los elementos que más comentarios ha generado después de conocerse públicamente el testimonio: si se sentía incómoda, ¿por qué decidió continuar el encuentro?

Vela anticipó esa pregunta en su propia declaración.

“Él me dijo que tenía más cervezas en su casa y que lo acompañara. Mucha gente dirá por qué no me fui. No pude. Yo estaba completamente en modo supervivencia”, explicó.

“No le quité la mano, no me bajé del carro, no me fui”

La propia denunciante reconoce que durante el encuentro no reaccionó físicamente de la manera que muchas personas podrían esperar frente a una situación que posteriormente sería denunciada como abuso.

Y precisamente decidió hablar sobre ello.

“Durante mucho tiempo me sentí culpable porque no le quité la mano, porque no me bajé del carro, porque no me fui”, manifestó.

Su explicación es que experiencias anteriores de violencia sexual le habrían provocado una respuesta psicológica de congelamiento.

“En mi caso entro en modo supervivencia y me congelo. Es una respuesta del cerebro para intentar mantenerse con vida”, sostuvo.

Vela asegura que necesitó casi seis años de terapia para interpretar lo ocurrido desde esa perspectiva.

“Todo lo que hacía era intentando encontrar el momento para ponerme a salvo”, afirmó.

Los detalles posteriores que aumentaron la controversia

Otros apartes atribuidos al relato de Vela han generado todavía más discusión en redes sociales.

Entre ellos aparecen referencias a conversaciones sobre la posibilidad de viajar juntos a Cartagena e incluso mantener algún tipo de relación de manera reservada. También se ha divulgado que, después de abandonar el apartamento sin que se denunciara una retención física para impedirle salir, habría solicitado un vehículo mediante una plataforma y posteriormente se habría encontrado con un amigo, con quien habría consumido aguardiente y contado lo sucedido.

Estos elementos han sido utilizados por algunas personas en redes sociales para cuestionar la interpretación de aquella noche y preguntarse si las conductas descritas pudieron hacer creer a Poveda que existía un interés recíproco.

Pero existe una diferencia fundamental que tendrá que analizar la justicia: acompañar voluntariamente a alguien, consumir alcohol, aceptar entrar a una vivienda o incluso manifestar interés sentimental no equivale automáticamente a consentir cualquier conducta sexual posterior.

Del otro lado también deberá establecerse qué interacciones ocurrieron realmente, qué señales existieron entre ambos y qué elementos probatorios pueden respaldar o controvertir las versiones.

Ahí está uno de los grandes interrogantes del proceso.

El relato divide las redes

Después de conocerse la denuncia, numerosos mensajes comenzaron a aparecer respaldando al periodista.

El debate aumentó especialmente luego de que Poveda saliera públicamente, divulgara una conversación sostenida con las periodistas Mónica Rodríguez, Laura Palomino y Juanita Gómez y cuestionara la manera como se construyó y publicó la investigación.

Diferentes medios digitales han registrado una oleada de comentarios de respaldo al comunicador, entre ellos mensajes como “Rafa, yo sí te creo”.

La abogada Wendy Herrera, quien asumió la defensa del periodista junto al jurista José Luis Herrera Gómez, también ha cuestionado públicamente los señalamientos y ha insistido en la presunción de inocencia.

Herrera incluso aseguró públicamente que una de las denunciantes habría tenido una relación sentimental proyectada con Poveda y sostuvo que ambos supuestamente contemplaron casarse. Se trata, sin embargo, de una afirmación de la defensa que deberá ser acreditada dentro del proceso y que por sí sola tampoco determina si existió o no consentimiento en los hechos denunciados.

Poveda: “No me voy a quedar callado”

Rafael Poveda decidió enfrentar públicamente el escándalo.

El periodista cuestionó principalmente que, según su posición, no hubiera recibido inicialmente la oportunidad suficiente de conocer detalladamente las acusaciones y responderlas antes de la publicación.

“Cuando uno hace periodismo y hay una acusación, uno primero investiga, confronta las partes y ahí tú tomas la decisión de si publicas o no”, manifestó durante una conversación que posteriormente hizo pública.

También recordó sus más de cuatro décadas de trayectoria.

“Nunca, nunca en mis más de 40 años de periodismo he sido señalado de algo inapropiado”, expresó.

Y anunció que defenderá su nombre.

“He trabajado muy duro para construir una reputación. No me voy a quedar callado. Y menos cuando siempre he actuado con respeto”.

Poveda también ha dicho que respeta la posibilidad de que las mujeres denuncien y que acudirá a las autoridades para ejercer allí su defensa.

Ni acompañarlo significa consentir todo ni denunciar demuestra culpabilidad

El caso plantea una discusión especialmente sensible que deberá evitar dos conclusiones apresuradas.

La primera sería sostener que porque Vela aceptó conversar con Poveda, tomó cerveza, lo acompañó a su vivienda o eventualmente habló sobre una relación, necesariamente consintió cualquier contacto sexual. El consentimiento debe existir para las conductas concretas y puede retirarse en cualquier momento.

La segunda sería asumir que la existencia de una denuncia convierte automáticamente a Rafael Poveda en responsable de un delito. Tampoco es así.

Hasta ahora existen testimonios y al menos una denuncia puesta en conocimiento de la Fiscalía, pero Rafael Poveda no ha sido condenado ni existe una decisión judicial que determine que cometió los hechos que se le atribuyen.

Sofía Vela sostiene que nunca pudo expresar abiertamente su rechazo porque quedó psicológicamente paralizada. Algunos sectores que respaldan al periodista consideran que las conductas descritas en el mismo relato pudieron transmitir una percepción diferente durante aquel encuentro.

Resolver esa distancia entre lo que ella asegura que estaba sintiendo y lo que objetivamente ocurrió y pudo ser percibido durante aquella noche será parte del enorme desafío probatorio del caso.

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Las redes sociales ya escogieron bandos. La justicia todavía no. Y será finalmente un juez, a partir de las pruebas y con todas las garantías para denunciante y denunciado, quien determine si aquella noche existió un delito o si los hechos ocurrieron de una manera diferente a la denunciada públicamente.


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