
Santa Marta se queda sin agua en plena temporada turística: la crisis golpea con fuerza hogares, hoteles y comercio
Mientras miles de hogares sobreviven sin servicio y el turismo comienza a resentir el impacto, las autoridades advierten que las lluvias seguirán siendo escasas hasta enero de 2027.
La temporada de vacaciones llegó a Santa Marta, y el agua se fue casi que por completo. En una ciudad que recibe miles de turistas durante esta época del año, la crisis por el desabastecimiento alcanzó uno de sus momentos más delicados.
Los ríos que alimentan el sistema de acueducto atraviesan una reducción histórica de sus caudales, la empresa encargada del servicio admite que no tiene cómo responder a la demanda y la desesperación de los ciudadanos terminó trasladándose a las calles.
En varios sectores los hogares completan 15 días sin una sola gota en las tuberías. La falta del recurso ya dejó de ser una molestia cotidiana para convertirse en una emergencia social que afecta a familias, comerciantes, hoteles y visitantes.
Las cifras que presentó la Empresa de Servicios Públicos del Distrito, Essmar, son contundentes. El río Manzanares, una de las principales fuentes de abastecimiento, perdió más del 70 por ciento de su caudal. El río Piedras también registra una reducción cercana al 30 por ciento. Con esos niveles, el agua disponible resulta insuficiente para abastecer a toda la ciudad.

La ciudad salió a reclamar en las calles
El desespero terminó rompiendo la paciencia de los habitantes.
En sectores del corredor universitario, donde el servicio lleva cerca de medio mes sin llegar, decenas de residentes bloquearon la avenida del Ferrocarril, uno de los corredores viales más importantes de Santa Marta. La protesta generó un extenso caos vehicular durante la hora pico y obligó a la intervención de las autoridades.
Los manifestantes aseguran que agotaron todas las vías antes de salir a bloquear la carretera.
“No aguantamos más. No sabemos cómo hacer las cosas del hogar. Para bañarnos y atender las necesidades básicas”, expresó una de las residentes que participó en la manifestación.
La escena refleja una realidad que se repite en numerosos barrios. Familias almacenando agua en baldes y tanques, vecinos esperando durante la madrugada la llegada del servicio y hogares que dependen completamente de carrotanques para sobrevivir.
Las zonas altas y periféricas continúan siendo las más golpeadas, aunque el problema comienza a extenderse hacia otros sectores de la ciudad.
Ni los hoteles consiguen agua
La crisis dejó de ser exclusivamente doméstica y empezó a golpear uno de los principales motores económicos de Santa Marta: el turismo.
Los empresarios hoteleros reconocen que las dificultades para conseguir agua empiezan a afectar la operación de los establecimientos justo cuando aumenta la llegada de visitantes.
Omar García, presidente de Cotelco Magdalena, aseguró que la situación alcanzó un nivel crítico.
“Son más de 5.000 trabajadores que tiene la hotelería en Santa Marta que están padeciendo por no tener acceso al agua”, afirmó.
Según explicó, el problema supera incluso la capacidad de respuesta mediante carrotanques.
“Es complejo brindar una buena atención al turista cuando ni siquiera se consigue agua por carrotanques”, señaló.
El dirigente gremial pidió fortalecer el plan de contingencia y aumentar la disponibilidad de vehículos para distribución de agua.
“Si la empresa apenas cuenta con dos carrotanques, es necesario ampliar esa flota mientras se supera esta emergencia”, insistió.
Una sequía que amenaza con empeorar
La crisis encuentra explicación en las condiciones climáticas que atraviesa la región Caribe.

Durante el Consejo Distrital de Gestión del Riesgo, las autoridades confirmaron que las altas temperaturas y la disminución de las lluvias han reducido considerablemente el caudal de las fuentes hídricas que abastecen el acueducto.
El panorama genera aún mayor preocupación porque las proyecciones meteorológicas indican que entre septiembre de este año y enero de 2027 las precipitaciones seguirán por debajo de los niveles habituales.
Eso significa que la recuperación de los ríos podría tardar varios meses y que las dificultades para abastecer a la ciudad podrían intensificarse si las condiciones climáticas persisten.
Aunque el Distrito declaró la calamidad pública por la sequía, por ahora las autoridades descartaron implementar un racionamiento oficial. Sin embargo, reconocen que la disponibilidad del recurso dependerá del comportamiento del clima durante el segundo semestre del año.
Una empresa intervenida y una nueva disputa política
La emergencia también generó serios cuestionamientos sobre la administración de Essmar, empresa intervenida por la Superintendencia de Servicios Públicos desde noviembre de 2021.
Al problema del desabastecimiento se suman los constantes rebosamientos de aguas residuales registrados en distintos sectores de Santa Marta, situación que llevó al alcalde Carlos Pinedo Cuello a emitir un duro pronunciamiento contra el Gobierno Nacional.
En un comunicado oficial, el mandatario recordó que la operación del sistema de acueducto y alcantarillado continúa bajo responsabilidad de la empresa intervenida y, por tanto, del Gobierno Nacional.
Pinedo solicitó a la Superintendencia de Servicios Públicos adoptar medidas urgentes para estabilizar la operación de Essmar y reiteró al presidente Gustavo Petro la petición de devolver la administración de la empresa al Distrito, argumentando que esa fue una promesa realizada por el jefe de Estado.
El alcalde también cuestionó la falta de planes de contingencia frente a las emergencias recientes y aseguró que la ciudad necesita recuperar el control de la empresa para mejorar la prestación del servicio.
Las soluciones siguen en construcción
Mientras la crisis se profundiza, las obras que podrían representar una solución definitiva aún permanecen en desarrollo.

Entre los proyectos estratégicos figuran la nueva planta de tratamiento de agua potable en El Curval y la futura planta desalinizadora proyectada para el norte de Santa Marta, iniciativas llamadas a aumentar la capacidad de abastecimiento de una ciudad que desde hace décadas creció más rápido que su infraestructura hídrica.
Sin embargo, esas soluciones tardarán en entrar en funcionamiento.
Mientras tanto, miles de familias continúan esperando que el agua vuelva a salir por las llaves de sus casas. En una ciudad rodeada por el mar y visitada cada año por cientos de miles de turistas, el recurso más indispensable se convirtió, una vez más, en el bien más escaso.
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