
Pagó para seguir vivo, pero igual lo asesinaron: la guerra de las extorsiones cobró otra víctima mientras vendía pan
El comerciante fue atacado a tiros frente al negocio donde trabajaba en Soledad. Las investigaciones indican que durante años se hicieron pagos a grupos delincuenciales para evitar atentados, pero una disputa entre estructuras criminales terminó convirtiéndolo en un blanco de muerte.
La extorsión volvió a demostrar que jamás ofrece garantías. Después de años pagando para mantener abierto el negocio y evitar represalias, Mauro Alonso López Duque terminó asesinado frente al establecimiento donde se ganaba la vida vendiendo pan.
Los delincuentes que prometían «protección» terminaron convirtiendo el miedo en una sentencia de muerte.
El crimen ocurrió en la calle 60 con carrera 13D, en el barrio Nuevo Milenio de Soledad. Eran las primeras horas de la jornada laboral cuando un hombre que se movilizaba en motocicleta llegó hasta el lugar, desenfundó un arma de fuego y le disparó en repetidas ocasiones delante de clientes, vecinos y comerciantes que apenas alcanzaron a reaccionar.
Una carrera desesperada que terminó en tragedia
Tras el ataque, varias personas corrieron para auxiliar al comerciante. En medio del desespero lo subieron a un motocarro con la esperanza de que alcanzara a recibir atención médica.
El recorrido hasta la Clínica Materno Infantil de Soledad fue una lucha contra el tiempo, pero resultó inútil. Mauro Alonso López Duque, de 45 años y oriundo de Maceo, Antioquia, ingresó sin signos vitales. Los médicos confirmaron su fallecimiento pocos minutos después de su llegada.
Su rutina diaria de salir temprano para trabajar terminó convertida en la última jornada de su vida.
Cinco años pagando para evitar la violencia
Las primeras indagaciones de las autoridades revelan que detrás del homicidio estaría la guerra por el control de las extorsiones en ese sector del municipio.
De acuerdo con la información recopilada durante la investigación, los propietarios de la distribuidora donde laboraba Mauro habrían entregado pagos quincenales de 60 mil pesos durante cerca de cinco años a una organización criminal con la intención de evitar atentados contra el establecimiento.
Sin embargo, la aparente tranquilidad terminó hace pocas semanas cuando otro grupo delincuencial irrumpió en la zona reclamando el control de las extorsiones. Como advertencia, parte de la fachada del negocio fue incendiada, dejando claro que la disputa apenas comenzaba.
La hipótesis que sigue la investigación
Los investigadores establecieron que Mauro también habría sido presionado para entregar pagos semanales de 100 mil pesos a otra estructura criminal.
La principal línea de investigación apunta a que los responsables del asesinato habrían actuado luego de conocer que, presuntamente, se entregó un millón de pesos a un grupo rival. En ese escenario, el comerciante quedó atrapado entre organizaciones delincuenciales que convierten a trabajadores y pequeños negocios en piezas de una guerra por el control de las rentas ilegales.
Una vida apagada por la extorsión
El homicidio de Mauro Alonso López Duque vuelve a poner sobre la mesa el impacto de las extorsiones sobre los pequeños comerciantes del área metropolitana de Barranquilla, donde muchos terminan pagando durante años para intentar conservar su sustento y proteger a sus familias.
Ahora, las autoridades avanzan en la recolección de pruebas para identificar al sicario, establecer qué estructura criminal ordenó el ataque y confirmar si el asesinato fue consecuencia directa de la disputa entre bandas por el dominio de las extorsiones en el sector.
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Mauro salió de su casa con la intención de vender pan. Nunca imaginó que el dinero entregado para intentar mantenerse con vida terminaría siendo, según la principal hipótesis de la investigación, el motivo por el que lo asesinaron.
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