Vendetta criminal contra venezolanos: ya son 10 los muertos en guerra por el control del microtráfico


Lo que comenzó como una ruptura dentro de una organización criminal terminó convirtiéndose en una vendetta que ya deja al menos diez homicidios. Las autoridades aseguran que un grupo de venezolanos se independizó de la banda El Ajizal para disputar el control del microtráfico y la extorsión. Desde entonces, los asesinatos se han multiplicado y las comunidades rurales viven bajo miedo permanente.

La sangre volvió a correr en las montañas de Itagüí. Esta vez, el epicentro de la violencia tiene como protagonistas a un grupo de ciudadanos venezolanos que, según las investigaciones, decidió romper con la banda El Ajizal para quedarse con una parte del negocio criminal que durante años ha operado en la zona.

La decisión habría desencadenado una persecución despiadada que ya deja una larga lista de muertos, familias desplazadas por el miedo y comunidades enteras viviendo bajo una tensión constante.

Las veredas El Ajizal, Los Gómez y El Porvenir se han convertido en el escenario de una guerra que avanza homicidio tras homicidio mientras las autoridades intentan contener una confrontación que parece estar lejos de terminar.

La ruptura que desató la guerra

De acuerdo con la información recopilada por las autoridades, el conflicto nació cuando varios ciudadanos venezolanos que trabajaban para la estructura criminal decidieron separarse y disputar las rentas ilegales derivadas del microtráfico y la extorsión.

Lo que inicialmente parecía una fractura interna terminó convirtiéndose en una confrontación armada por el control territorial.

Los investigadores sostienen que la disputa forma parte de un proceso de reacomodamiento criminal que actualmente se desarrolla en la zona rural de Itagüí, donde distintos actores criminales buscan ocupar espacios de poder dentro de las economías ilegales.

La consecuencia ha sido una cadena de asesinatos selectivos que mantiene en alerta a la fuerza pública.

El adolescente que marcó el inicio de la escalada

Uno de los casos que más impactó a la comunidad fue el asesinato de Samir Isaac Yepes Figueroa, un adolescente de apenas 15 años.

El menor desapareció el 18 de marzo. Un día después fue encontrado sin vida en el sector El Beneficio, dentro de un cafetal y envuelto en un costal.

Su muerte fue interpretada por investigadores y habitantes como uno de los primeros hechos que evidenciaron que algo grave estaba ocurriendo en la zona.
A partir de entonces, los homicidios comenzaron a repetirse con una frecuencia alarmante.

Los venezolanos quedaron en la mira

Con el paso de las semanas, varias de las víctimas comenzaron a tener un elemento en común: su nacionalidad venezolana.
En la vereda El Porvenir fue asesinada Norelkis del Carmen Cepeda Blanco, una mujer venezolana de 26 años y madre de tres hijos, atacada a tiros frente a su vivienda.
Su crimen generó conmoción entre los habitantes porque ocurrió en un entorno familiar y dejó a tres menores sin su madre.

Posteriormente fue asesinado Cristian Camilo Úsuga Higuita, conocido como «La Chinga», en medio de la misma confrontación.
El caso más reciente fue el de Luis Eduardo Suárez Guedez, ciudadano venezolano de 21 años, quien fue atacado dentro de un establecimiento comercial en la vereda El Ajizal.

Su asesinato terminó de encender las alarmas entre los habitantes del sector, que sienten que cualquier lugar puede convertirse en escenario de un ataque.

“Los están cazando”

Entre los habitantes de la zona circula una frase que resume la percepción que existe sobre la confrontación.

«Esto no es que ellos estén ganando, es que los están cazando».

La expresión refleja la creencia de que la violencia está dirigida principalmente contra quienes quedaron identificados con el grupo que se separó de la estructura original.

Las versiones conocidas por las autoridades indican que varios de los venezolanos asesinados habrían tenido vínculos previos con la banda El Ajizal y que, tras la ruptura, quedaron expuestos a una retaliación que sigue cobrando vidas.

Misas suspendidas y negocios cerrados

El impacto de la guerra criminal ya se siente en la vida cotidiana de las comunidades.
Las autoridades recomendaron el cierre temprano de establecimientos comerciales y la reducción de actividades nocturnas mientras avanza la investigación.

El temor llegó incluso a espacios religiosos.
Habitantes de la zona relataron que una celebración religiosa tuvo que ser interrumpida debido a la tensión que se vivía en el sector.

«El padre tuvo que parar la misa; se armó una oración por lo que estaba sucediendo», relató una fuente de la comunidad.

La escena refleja el nivel de angustia que atraviesan los habitantes de estas veredas, donde la incertidumbre se ha convertido en parte de la rutina diaria.

Diez muertos y una guerra que sigue abierta

Las autoridades estiman que la confrontación ha dejado al menos diez homicidios durante este año, una cifra que evidencia la magnitud de la disputa criminal.

Ante la gravedad de la situación, la Policía reforzó los operativos en puntos estratégicos como El Beneficio, El Ajizal y El Porvenir, además de ofrecer una recompensa de hasta 80 millones de pesos por información que permita identificar y capturar a los responsables.

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Sin embargo, mientras continúan las investigaciones, las comunidades siguen atrapadas en medio de una guerra que comenzó con una ruptura criminal y que hoy mantiene bajo amenaza a toda una región.

Los muertos siguen apareciendo. Los responsables siguen armados. Y en las montañas de Itagüí crece la sensación de que esta vendetta todavía está lejos de llegar a su final.


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