
Cinco meses después, la madre pudo enterrarlo: sepultan a Gabriel, el adolescente decapitado en medio de un crimen que estremeció a La Guajira
Tras permanecer durante cerca de cinco meses en Medicina Legal, el cuerpo del adolescente venezolano de 15 años asesinado y decapitado en Mingueo, fue finalmente entregado a su familia. Su madre pudo darle sepultura en Fonseca mientras la justicia avanza contra presuntos integrantes de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra señalados de participar en el homicidio.
Cinco meses tuvo que esperar una madre para poder despedir a su hijo. Cinco meses de trámites, investigaciones, dolor y silencio antes de recibir los restos de Gabriel Enrique Fernández Bermúdez, el adolescente de 15 años cuyo asesinato sacudió a La Guajira por la brutalidad con la que fue ejecutado.
El cuerpo del menor fue entregado finalmente por Medicina Legal a sus familiares, cerrando una de las etapas más dolorosas para una familia que tardó varios meses esperando darle una sepultura digna al joven venezolano.
Ayer, en medio del dolor acumulado durante todos estos meses, Gabriel fue sepultado en el cementerio del corregimiento de El Hatico, en jurisdicción de Fonseca.
El entierro que llegó cinco meses después
El recorrido final de Gabriel comenzó en Riohacha, donde permanecían sus restos bajo custodia de Medicina Legal mientras avanzaban los procedimientos judiciales y forenses relacionados con el caso.
Posteriormente, el cuerpo fue trasladado hasta Fonseca para ser recibido por sus familiares.
Allí estaba su madre, enfrentando uno de los momentos más difíciles que puede vivir cualquier ser humano: despedir a un hijo asesinado de manera violenta y esperar durante meses para poder llevarlo a su última morada.
La sepultura puso fin a una larga espera, aunque las heridas abiertas por el crimen continúan marcando a una familia que jamás imaginó vivir una tragedia de semejante magnitud.
Un crimen que conmocionó a toda la región
La muerte de Gabriel Enrique Fernández Bermúdez ocurrió en diciembre del año pasado en Mingueo, corregimiento del municipio de Dibulla.
El caso generó una profunda conmoción por la forma en que fue asesinado el adolescente.
Según las investigaciones conocidas hasta ahora, el menor fue señalado por algunos habitantes de estar presuntamente involucrado en el asesinato de la niña Shelsy Michel Navarro Ojeda, una menor de apenas tres años cuyo cuerpo fue encontrado dentro de un saco.
La indignación que produjo ese crimen terminó convirtiéndose en un episodio aún más aterrador.
Gabriel fue retenido y posteriormente asesinado en circunstancias que hoy son materia de investigación judicial. La brutalidad del homicidio provocó rechazo dentro y fuera de La Guajira y encendió las alarmas sobre posibles actos de justicia ilegal.
La captura que reactivó el caso
La investigación tuvo un avance importante el pasado 8 de mayo cuando un juez impuso medida de aseguramiento contra María Mónica Quiñones Graciano, conocida con los alias de “La Tía” o “La Mona”.
Las autoridades la identifican como presunta cabecilla de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada y la señalan de participar en el asesinato del adolescente.
La decisión judicial representó uno de los avances más relevantes dentro del proceso que busca establecer quiénes estuvieron detrás de la muerte del menor y cuál fue el nivel de participación de cada uno de los involucrados.
El caso continúa en manos de las autoridades, que mantienen abiertas las investigaciones para esclarecer completamente los hechos.
Una tumba y muchas preguntas pendientes
La entrega del cuerpo permitió que la familia cumpliera con el último acto de amor hacia Gabriel: darle sepultura.
Sin embargo, el entierro está lejos de cerrar la historia.
Todavía quedan preguntas por resolver sobre las circunstancias exactas que rodearon el asesinato, los responsables materiales e intelectuales y el papel que habrían desempeñado los grupos armados ilegales señalados por las autoridades.
Mientras la justicia intenta reconstruir lo ocurrido, en un cementerio de El Hatico quedó la tumba de un adolescente de 15 años cuya vida terminó de manera violenta y cuya madre tuvo que esperar cerca de medio año para poder despedirse de él.
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La espera terminó con un entierro. El dolor, para su familia, apenas comienza.
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