Máxima preocupación global por un inminente «Super Niño» que amenaza con batir récords de temperaturas y provocar sequías extremas


Un aumento extremo en la temperatura del océano Pacífico proyecta para finales de año un fenómeno de El Niño de magnitudes históricas, abriendo un escenario de riesgo global que desafiará la seguridad alimentaria y energética, pero frente al cual los sistemas modernos de alerta temprana representan una ventaja crucial para evitar las catástrofes humanitarias de siglos pasados.

La capacidad de los Estados para blindar sus redes de suministro y sus servicios públicos será el factor determinante ante el agresivo fenómeno de El Niño que se aproxima.

El análisis de la Organización Meteorológica Mundial pone sobre la mesa una realidad incuestionable: las herramientas de monitoreo actuales marcan una diferencia abismal frente al pasado.

Aunque la cantidad de emergencias climáticas se quintuplicó desde la década de 1970, la tasa de mortalidad cayó de forma drástica, pasando de un promedio de 170 fallecimientos diarios en aquellos años a cerca de 40 al comenzar el siglo XXI.

Este descenso se debe por completo a la efectividad de las alertas tempranas y a una mejor planificación urbana. Este escudo tecnológico e institucional es lo que distancia el panorama actual de tragedias históricas como la de 1877.

El desastre de 1877 que sirve como advertencia mundial

En aquel año, un «Super Niño» idéntico al que se proyecta ahora borró del mapa al 4% de la humanidad, cobrándose unos 50 millones de vidas.

Sin embargo, las investigaciones de expertos e historiadores demuestran que la naturaleza no actuó sola.

Si bien es cierto que El Niño se alineó de forma devastadora con el Dipolo del Índico y un Atlántico inusualmente cálido para secar los campos del planeta, el verdadero factor que desató la hambruna fue de origen político.

Los regímenes coloniales e imperialistas de la época agravaron la escasez al forzar la exportación de cultivos esenciales y desmantelar los almacenes comunitarios de granos.

El desafío que se avecina para el año 2027, no obstante, mantiene bajo estricta vigilancia a las agencias meteorológicas internacionales por la velocidad con la que se están elevando las temperaturas del agua. Los cálculos del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio y del North American Multi-Model Ensemble ubican la fase más crítica del evento entre octubre de 2026 y enero de 2027.

Los indicadores proyectan que en noviembre el Pacífico ecuatorial podría superar su temperatura habitual por un margen extremo de hasta 3,1 °C, un registro que entraría directo en los libros de historia. Los reportes técnicos emitidos el pasado 8 de mayo exponen la solidez de estas advertencias.

Al revisar los diez principales modelos de simulación climática, el meteorólogo Ben Noll y el especialista Diego Restrepo observaron que ocho de ellos dan por sentada la llegada de un evento de magnitudes extraordinarias, mientras que cuatro prevén que romperá todos los récords conocidos. Aun con estos datos en la mano, la comunidad científica pide interpretar los mapas con reserva debido a la «barrera de la primavera«.

Este ciclo de transición en el océano, que ocurre entre marzo y mayo, suele alterar los radares y restar precisión a los pronósticos. La confirmación definitiva del tamaño de la amenaza llegará en junio, cuando la atmósfera se estabilice. El verdadero peligro de este escenario radica en las condiciones de debilidad en las que se encuentra el planeta.

Diego Restrepo enfatiza que este disturbio meteorológico impactará de lleno sobre mares que ya sufren un calentamiento previo, entornos naturales frágiles y una alarmante pérdida de especies. Esta combinación de problemas ambientales amenaza directamente la estabilidad de las cosechas, las reservas de agua potable y la generación eléctrica a escala global.

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La conclusión de los comités de expertos indica que la alteración física de la naturaleza es un hecho inminente, pero el grado de sufrimiento social dependerá de la velocidad con la que las autoridades ejecuten las obras de mitigación en el tiempo que queda.


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