
“Mi hijo consumía, sí, pero no era ningún delincuente”: madre de joven de 15 años asesinado mientras iba en su bicicleta
“Mateíto”, de 15 años, fue atacado a tiros mientras se movilizaba en bicicleta en Bello Horizonte de Soledad, Atlántico. Autoridades indagan un posible vínculo con el grupo delincuencial ‘Los Costeños’, versión que su familia rechaza.
Iba en su bicicleta cuando la muerte lo alcanzó. Un joven terminó gravemente herido y minutos después murió, tras ser interceptado por hombres armados que le dispararon sin opción de huir, en un ataque directo que hoy es materia de investigación. Mientras las autoridades exploran posibles vínculos con estructuras criminales, su madre insiste en que solo era un muchacho con problemas, no un delincuente.
Todo ocurrió la tarde del martes en la carrera 57 con calle 6C, en el barrio Bello Horizonte de Soledad, Atlántico. Mateo Andrés Pérez Vidal, de 15 años, conocido como “Mateíto”, se desplazaba en su bicicleta por el sector cuando dos hombres en motocicleta lo ubicaron. Se acercaron. Sin descender, el parrillero sacó un arma y abrió fuego en repetidas ocasiones. No hubo escape para ‘mateito’.
Los disparos lo derribaron. Quedó tendido sobre el pavimento. Aún con vida. Resistiendo. Vecinos del sector reaccionaron de inmediato. Lo auxiliaron, lo levantaron y lo trasladaron de urgencia al Hospital Materno Infantil de Soledad. La carrera contra el tiempo fue corta. Minutos después, los médicos confirmaron lo peor: Mateo había muerto.
El menor era hijo de Eloy Pérez, conocido como “El Pingui”, en el municipio de Soplaviento, Bolívar. Su entorno, según relatan familiares, no estaba marcado por estructuras criminales. Había dejado los estudios y empezaba a involucrarse en la mecánica, aprendiendo el oficio entre motores, carros y motocicletas. Un camino distinto. Tras su muerte, su madre decidió hablar de la difícil realidad de su hijo.
“Mi hijo consumía, sí, pero no era ningún delincuente. Si dicen que tenía vínculos con bandas, que muestren pruebas”, afirmó, rechazando de manera directa los señalamientos que comenzaron a circular.
Sus palabras no están solas. Otros familiares también se niegan a aceptar esa versión. Su abuelo, Jackson Enrique Romero, lo describió como un joven que andaba por su cuenta, enfocado en lo suyo.
“Hacía sus cosas, trabajaba arreglando motos, carros, bicicletas, así andaba él, pero solo”, dijo, insistiendo en que no tenía nexos con grupos ilegales.
Pero la investigación toma otro rumbo. De forma preliminar, agentes de la SIJIN manejan una hipótesis distinta: Mateo, presuntamente, tendría relación con el grupo delincuencial “Los Costeños”, estructura que opera en varios sectores del área metropolitana. Bajo esa línea, el ataque podría estar ligado a dinámicas de sicariato.
Aún no hay conclusiones. No hay pruebas contundentes que confirmen esa versión. El caso sigue abierto, con revisión de cámaras de seguridad, recopilación de testimonios y labores de campo para dar con los responsables, que siguen prófugos.
El asesinato deja más que una víctima. Deja una disputa por la verdad. De un lado, una familia que alza la voz para defender la memoria de un joven. Del otro, una línea investigativa que apunta hacia estructuras criminales.
En medio, de esta historia que aún no termina de esclarecerse queda un joven, Mateo tenia 15 años, era una vida descarrilada que aún podía enderezar su rumbo, pero la violencia le quitó la oportunidad.
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