
Lleno de dolor cargó a su hijo muerto en una moto: la escena que se repite en el Magdalena rural donde la autoridad no se atreve a llegar
En Cantagallar, Magdalena, la familia de Alex Hernández tuvo que ir por su cuerpo tras un atentado a bala. La escena, marcada por el dolor y el miedo, se repite en zonas rurales donde el Estado no logra ingresar.
Lo mataron y lo dejaron tirado en una trocha. Nadie llegó. Nadie respondió. El silencio fue absoluto.
Entonces su padre decidió ir por él.
No había carro de criminalística, no había Policía, no había nadie que asumiera el procedimiento. Solo una familia enfrentando la muerte en un territorio donde el miedo tiene más control que la autoridad.
Lo ocurrido en Cantagallar, jurisdicción de El Piñón, no es nuevo. Es una escena que se repite en distintas zonas rurales del Magdalena.
Territorios donde la presencia de grupos armados impide el ingreso de la fuerza pública y donde las familias terminan asumiendo lo que debería hacer el Estado: recoger a sus muertos.
Esta vez fue Alex Hernández. Mañana puede ser otro nombre, otra familia, la misma historia.
El camino hacia la trocha
El cuerpo de Alex quedó tendido en una zona de difícil acceso, tras ser víctima de un atentado a bala. Las condiciones de seguridad en el área cerraron cualquier posibilidad de una reacción institucional inmediata.
La familia recibió la noticia y tomó una decisión que no admite preparación. Fueron ellos mismos hasta el lugar.
No era solo el riesgo. Era el dolor de encontrarlo así. Era enfrentarse a la escena final sin ayuda, sin acompañamiento, sin garantías.
Un padre cargando a su hijo
El momento quedó grabado en la memoria y celulares de quienes lo vivieron. Su padre lo levantó. Lo sostuvo. Lo cargó.
No pensó en investigaciones ni en protocolos. Pensó en su hijo. En el niño que vio crecer y que ahora tenía que llevar de regreso a casa, sin vida.
Lo subieron a una moto. Ese fue el único vehículo disponible para el último trayecto.
El recorrido fue corto en distancia, pero insoportable en lo emocional. Un padre llevando a su hijo muerto, atravesando un territorio donde nadie más quiso entrar.
Los familiares no solo recogieron el cuerpo. También intentaron auxiliarlo en medio de la incertidumbre, confirmaron su muerte y resolvieron lo que nadie más pudo atender.
En estos lugares, la violencia no termina con el disparo. Continúa en el abandono.
Un nombre más en medio del miedo
Alex Hernández era un hombre conocido en su comunidad, dedicado a oficios varios. Su muerte ahora es materia de investigación.
Pero más allá de lo que determinen las autoridades, hay una imagen que queda: la de su familia entrando donde nadie más entra, sacándolo de la trocha y llevándolo a casa.
En el Magdalena rural, esa escena empieza a parecerse demasiado a otras. Cambian los nombres. Se repite el dolor.
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