
A adolescente unas amigas la amarraron con la excusa de una “sorpresa” y la mataron entre risas: el crimen que indigna por una condena mínima
La joven fue engañada por sus propias amigas, vendada y asfixiada mientras grababan el crimen. La brutalidad quedó registrada en video, pero las responsables recibieron penas que hoy desatan indignación y cuestionan el sistema de justicia juvenil.
Leyla Monserrat creyó que iba a vivir un momento de diversión. Terminó atada, vendada y asesinada por quienes consideraba amigas. El crimen fue grabado, planeado y ejecutado con una frialdad que hoy golpea a la opinión pública, no solo por la forma en que murió, sino por lo poco que pagarán sus agresoras.
La trampa de la confianza
El 25 de septiembre de 2025, en Sonoyta, Sonora, muy cerca de la frontera con Estados Unidos, Leyla, de 15 años, fue llevada hasta una vivienda en la zona de Flor del Desierto bajo la promesa de participar en una “sorpresa”. La invitación venía de dos menores que aparentemente eran sus amigas: Britany Michel, de 15 años, y otra adolescente de 13.
Solo hasta ahora se han conocido videos que muestran con detalle cómo ocurrió el asesinato. Las imágenes muestran como una vez dentro de la casa, le pidieron que se sentara y se dejara vendar los ojos. Leyla accedió sin resistencia. Pensaba que jugaban. Pensaba que era una dinámica. Pensaba que estaba segura.
En cuestión de minutos, la escena cambió. La amarraron y comenzaron a asfixiarla con una cuerda hasta quitarle la vida.
Un asesinato grabado
El crimen no solo fue ejecutado con crueldad, también fue documentado.
Las propias agresoras grabaron el momento en que sometían a Leyla. En el video, que luego se convirtió en prueba judicial, se escucha cómo la insultan mientras la joven, confundida, intenta entender lo que ocurre.
Al inicio hay risas. Luego silencio.
Ese material dejó en evidencia que no fue un arrebato. Fue una acción sostenida, consciente y violenta.
Intentaron borrar el rastro
Después de asesinarla, las menores enterraron el cuerpo en el patio de la vivienda. Para acelerar la descomposición, utilizaron sustancias químicas en un intento por eliminar cualquier evidencia.
El crimen se mantuvo oculto durante días.
El 1 de octubre de 2025, las autoridades encontraron los restos.
Condenas que indignan
El fallo judicial terminó de desatar la rabia social.
A pesar de la planeación, la grabación del asesinato y el ocultamiento del cuerpo, las sanciones fueron mínimas debido a la condición de menores de edad de las responsables.
Britany Michel recibió 2 años y 10 meses de internamiento. La otra implicada, de 13 años, fue sancionada con 11 meses de libertad asistida y ya se encuentra en libertad.
La reparación económica fijada fue de 5.677 pesos mexicanos, una cifra que ni siquiera cubre los gastos funerarios.
La desproporción entre el crimen y la pena abrió un debate nacional sobre los límites del sistema de justicia juvenil.
El dolor que quedó sin respuesta
Detrás del caso hay una madre que sigue buscando respuestas.
Carmen Angélica Becerra, madre de Leyla, ha liderado protestas frente a la fiscalía de Sonora. Su reclamo es directo: justicia.
“Me la enterraron… yo no pude ver el cuerpo de mi niña, no la pude abrazar por última vez”, dijo entre lágrimas.
“No la pude defender de las personas. Solo pido lo justo, que paguen por todo lo que hicieron”.
Su voz resume el sentimiento de una familia que siente que el sistema falló.
Una justicia en entredicho
El caso de Leyla Monserrat dejó algo más que una tragedia: expuso las grietas de un modelo legal que protege la edad por encima de la gravedad del delito.
La sociedad observa cómo un crimen planificado, grabado y ejecutado con sevicia termina en sanciones que muchos consideran simbólicas.
Y en medio de esa discusión, queda una verdad imposible de ignorar: a Leyla la engañaron, la amarraron y la mataron confiando en quienes jamás debieron traicionarla.
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