
Domingo de Ramos sin palma: la fe cambia para frenar daño ambiental en Magdalena
CORPAMAG y la Diócesis de Santa Marta lanzan una campaña para reemplazar la palma de cera por árboles vivos y alternativas sostenibles. Más de 3.000 plántulas serán entregadas en parroquias del departamento como parte de una estrategia para proteger la biodiversidad y transformar una tradición que hoy representa una presión directa sobre los ecosistemas.
La palma de cera, símbolo histórico del Domingo de Ramos, está en la mira. Su uso masivo dejó de ser una simple tradición religiosa y pasó a convertirse en un problema ambiental. Este 29 de marzo, en el Magdalena, la fe se replantea: en lugar de ramos cortados, los feligreses recibirán árboles vivos.
Durante años, la palma de cera ha sido protagonista de una de las celebraciones más importantes del calendario católico. Sin embargo, detrás del rito, el impacto es concreto: una especie de crecimiento lento, que tarda décadas en desarrollarse, ha sido sometida a una presión constante por su extracción.
El resultado es un daño acumulado que va más allá del árbol. La palma de cera sostiene ecosistemas completos y sirve de refugio para especies clave.
“Esta campaña la desarrollamos teniendo en cuenta la presión que existe del uso de la palma de cera en el país, hogar de especies emblemáticas como el Loro Orejiamarillo y la Cotorra de Santa Marta”, explicó Alfredo Martínez Gutiérrez, director de CORPAMAG.
La apuesta: fe que siembra, no que arrasa
Frente a ese escenario, la respuesta llega desde una alianza poco común pero estratégica: la autoridad ambiental y la Iglesia Católica.
A través de la campaña “Nuestra fe cuida y protege la creación”, más de 3.000 árboles de especies nativas y frutales serán entregados en parroquias de municipios como Ciénaga, Fundación, Pivijay, Plato, Santa Bárbara de Pinto y distintos sectores de Santa Marta.
La dinámica cambia desde el inicio de las procesiones: en vez de levantar ramas cortadas, los fieles recibirán plántulas que luego podrán sembrar.
“Se estableció un número de parroquias donde se entregarán arbolitos forestales al inicio de las procesiones”, precisó Monseñor José Mario Bacci, obispo de Santa Marta.
El impacto silencioso sobre la biodiversidad
El problema no se limita a la desaparición de una especie. La extracción de palma de cera altera hábitats completos, afecta cadenas alimenticias y pone en riesgo especies endémicas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Cada rama cortada representa un retroceso en la regeneración natural. Cada temporada de Semana Santa multiplica ese impacto.
El uso tradicional de la palma dejó de ser un gesto simbólico aislado y se convirtió en una presión directa sobre ecosistemas estratégicos.
Alternativas para una fe sostenible
La campaña busca cambiar hábitos sin romper el sentido litúrgico de la celebración.
Entre las opciones están las plantas ornamentales, hojas caídas recolectadas sin cortar árboles, ramos reutilizables hechos en tela o papel reciclado y, sobre todo, plántulas que puedan ser sembradas después.

La intención es clara: que el acto religioso trascienda el momento y deje una huella positiva en el territorio.
Las jornadas de sensibilización en parroquias y los mensajes durante las misas apuntan a desmontar una práctica que, aunque arraigada, resulta insostenible.

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La apuesta no es simbólica. Es estructural.
En el Magdalena, la Semana Santa empieza a cambiar de forma. La fe ya no se mide por lo que se corta, sino por lo que se siembra.
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