
Guerra propone acuerdo con Pinedo para salvar el megacolegio de Taganga: ofrece otro terreno para planta desalinizadora
La gobernadora de Magdalena planteó una salida para evitar la demolición de la obra educativa que quedó inconclusa en un 70%. Ofreció incluso comprar o donar un terreno para la planta desalinizadora y pidió al alcalde Carlos Pinedo abrir un espacio de diálogo para sacar adelante ambas obras que reclama la comunidad.
El futuro del megacolegio de Taganga, una obra que quedó inconclusa y hoy permanece rodeada de maleza y abandono, volvió al centro del debate público. Esta vez fue la gobernadora del Magdalena, Margarita Guerra, quien convocó a una rueda de prensa para plantear una salida que evite la demolición del proyecto educativo.
Lejos de un tono confrontacional, la mandataria departamental optó por un llamado conciliador. Su mensaje fue claro: sentarse a conversar con la Alcaldía de Santa Marta para intentar rescatar la obra que hoy permanece paralizada y que, según explicó, podría culminarse si existe voluntad institucional.
La construcción del megacolegio fue planteada durante la administración de Rafael Martínez y continuó en el siguiente periodo de Virna Johnson, pero quedó detenida cuando el proyecto alcanzaba cerca del 70% de ejecución, tras problemas contractuales e incumplimientos del contratista.
Hoy, el lugar que debía convertirse en un centro educativo para decenas de niños y jóvenes del corregimiento enfrenta un nuevo capítulo. Según información conocida por la Gobernación, la decisión del Distrito sería demoler la estructura para construir allí la planta desalinizadora proyectada para abastecer de agua a Taganga.
Ante ese panorama, Guerra planteó una alternativa.
Un llamado a dialogar
Durante la rueda de prensa, la gobernadora insistió en que la salida no debe ser destruir lo que ya está construido, sino buscar una fórmula que permita rescatar el proyecto educativo y, al mismo tiempo, avanzar con la solución de agua para la comunidad.
“Contamos con los recursos, tenemos la disposición y el conocimiento para finalizar esta obra que impactará en gran manera a la comunidad de Taganga”, aseguró.
La propuesta que puso sobre la mesa incluye incluso donar o adquirir un nuevo predio para que allí se construya la planta desalinizadora, evitando así que el megacolegio sea demolido.

Para formalizar la solicitud, explicó que la Secretaría de Educación del Magdalena ya envió un oficio al Distrito, en el que se plantea la posibilidad de que el proyecto educativo sea cedido a la Gobernación para culminarlo.
Dos obras urgentes para Taganga
Guerra insistió en que el objetivo no es generar un pulso político con la administración distrital, sino encontrar una solución que permita sacar adelante dos obras que la comunidad necesita con urgencia: el colegio y la planta desalinizadora.
“Se puede trabajar de manera conjunta entre la Alcaldía y la Gobernación para que ambas iniciativas salgan adelante”, reiteró la mandataria.
El planteamiento cobra relevancia porque el Ministerio de Educación tiene previsto visitar la ciudad en las próximas horas para analizar la situación del proyecto y evaluar la posibilidad de ceder el lote donde se levanta la estructura inconclusa.

La posición del Distrito
Sin embargo, la postura del gobierno distrital ha sido distinta. Durante una reciente visita a Taganga, el alcalde Carlos Pinedo Cuello aseguró que, de acuerdo con estudios técnicos realizados a la estructura, no sería viable continuar la obra en las condiciones actuales.
Según explicó, los análisis indicarían que la construcción presenta problemas estructurales, por lo que la alternativa sería demolerla y comenzar un nuevo proyecto desde cero.
Ese diagnóstico es el que ahora enfrenta la propuesta de la Gobernación, que insiste en que la obra puede recuperarse y terminarse, evitando que se pierda una inversión que ya está avanzada en más de la mitad.
Un nuevo capítulo
Mientras la estructura permanece abandonada y cubierta de vegetación, el megacolegio de Taganga vuelve a convertirse en un punto de discusión entre administraciones.
La diferencia ahora es que la gobernadora lanzó una propuesta abierta de trabajo conjunto, algo poco común desde que el gobierno departamental y el distrital se encuentran en orillas políticas distintas.

La propuesta ya está sobre la mesa.
La Gobernación insiste en que el colegio se puede salvar.
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Ahora la decisión queda en manos de la Alcaldía y del Ministerio de Educación, que tendrán la última palabra sobre el futuro de una obra que, por ahora, sigue detenida entre el abandono y la incertidumbre.
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