
En casas y avenidas, roban apuntando a matar y huyen sin miedo: el hurto está desbordado en Santa Marta
Dos nuevos robos registrados en Pastrana y en la rotonda de Cootransmag reavivaron la alarma por la inseguridad en Santa Marta. Delincuentes armados amenazan de muerte a sus víctimas, actúan a plena luz del día y escapan ante la mirada impotente de ciudadanos que solo alcanzan a grabar desde lejos.
Los ladrones ya dejaron de robar en callejones solos y en sitios oscuros, ahora llegan de frente, apuntan al pecho y hablan claro: si te mueves, te mato.
En Santa Marta el hurto dejó de ser un delito discreto para convertirse en un espectáculo cotidiano. Ocurre frente a casas, en avenidas transitadas, en medio del tráfico y bajo la mirada de decenas de testigos que prefieren grabar desde lejos antes que intervenir.
No es indiferencia. Es miedo. Los delincuentes actúan con una seguridad que muchos ciudadanos describen como descaro absoluto. Roban rápido, coordinados y sin temor a ser perseguidos.
Los dos últimos casos, ocurridos en menos de horas, volvieron a encender la indignación colectiva.
El robo frente a la casa: “donde te muevas te mato”
En el barrio Pastrana, a plena luz del día, una mujer vivió uno de los momentos más violentos que puede enfrentar un ciudadano en de su propio hogar.
Un hombre llegó hasta la entrada de su vivienda y la encañonó. Allí lanzó la amenaza directa que paraliza cualquier reacción.
—“Donde te muevas te mato”.
Bajo esa presión, la víctima entregó sus pertenencias. Entre ellas, su anillo de matrimonio, una joya que terminó convertida en botín mientras la impotencia reemplazaba cualquier intento de resistencia.
El delincuente actuó con precisión. Tomó la prenda de oro y salió corriendo hasta subirse a una motocicleta donde lo esperaba un cómplice. La huida duró segundos.
Una vecina grabó toda la escena desde la distancia. El video muestra la tranquilidad con la que el ladrón ejecuta el robo y desaparece sin obstáculos con el rostro expuesto.
Las imágenes comenzaron a circular rápidamente entre residentes, alimentando la sensación de que los criminales ya no temen ser vistos.
En plena avenida: parar o morir
Horas después, otro hecho reforzó la misma percepción.
En la rotonda de Cootransmag, uno de los puntos más transitados de la ciudad, un motociclista fue interceptado por delincuentes que lo obligaron a frenar en plena vía. Fue una emboscada.
Lo rodearon, lo intimidaron y le quitaron todo: pertenencias personales, documentos e incluso la cédula. Todo ocurrió ante conductores y pasajeros que observaban sin intervenir.
Algunos grabaron desde buses y vehículos. Nadie se acercó.
La escena dejó una imagen repetida en Santa Marta: víctimas acorraladas y testigos convertidos en espectadores obligados por el miedo.
Los videos se han convertido en la nueva evidencia de la inseguridad.
Celulares asomados desde ventanas, cámaras desde carros detenidos, grabaciones hechas con cautela para no llamar la atención de hombres armados que parecen sentirse intocables.
La ciudadanía registra los hechos porque es lo único que puede hacer sin poner su vida en riesgo.
La reacción ya no es enfrentar, sino documentar. Y esa transformación revela algo más profundo: la pérdida de confianza en la capacidad de frenar el delito en el momento en que ocurre.
Los recientes robos no son vistos como casos aislados, sino como parte de un fenómeno que, según residentes, se viene intensificando.
El hurto —dicen comerciantes y vecinos— está desatado.
La combinación de amenazas con armas, actuación a plena luz del día y escapes coordinados refuerza la percepción de que los delincuentes operan con ventaja.
La situación, advierten ciudadanos, dejó de ser un problema ocasional para convertirse en una preocupación permanente.
En Santa Marta, según lo que muestran las calles, los ladrones ya no se esconden. Roban mirando a los ojos. Amenazan sin bajar el arma.
Y desaparecen antes de que llegue cualquier respuesta.
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