Una deuda histórica empieza a saldarse: vía Pivijay – La Retirada construida por la gobernación, alcanza 73% de avance


Tras años de abandono y promesas incumplidas, la conexión vial que reclaman campesinos y ganaderos de la Subregión Río entra en su recta final y promete cambiar la dinámica económica de la zona.

El polvo, los huecos y el aislamiento comienzan a quedar atrás. La vía Pivijay – La Retirada, durante décadas símbolo del abandono estatal en la Subregión del Río, hoy muestra un 73% de avance físico y se perfila como una de las obras de infraestructura más determinantes para la conectividad rural del Magdalena.

No es solo una carretera. Es una deuda histórica que empieza a pagarse.

Las obras avanzan conforme al cronograma establecido y buscan habilitar plenamente un corredor estratégico que durante años fue exigido por comunidades campesinas, ganaderos y transportadores que debían enfrentar trayectos lentos, costosos y en muchos casos intransitables para movilizar sus productos.

Una vía esperada por generaciones

El proyecto contempla la intervención de 6,8 kilómetros de carretera, diseñada durante la administración del exgobernador Carlos Caicedo y financiada posteriormente en el gobierno departamental de Rafael Martínez, dentro del programa Vías del Cambio, una apuesta enfocada en mejorar la conectividad rural del Magdalena.

Durante años, los habitantes de Pivijay y Salamina convivieron con una realidad marcada por el aislamiento: cosechas que llegaban tarde a los mercados, costos elevados de transporte y dificultades permanentes para movilizar personas, alimentos y servicios básicos.

Hoy, la obra avanza con trabajos de rehabilitación en concreto asfáltico, una calzada de 7,30 metros de ancho y bermas laterales de un metro a cada lado, alcanzando una plataforma total de 9,3 metros, además de señalización horizontal y vertical que busca garantizar condiciones seguras de tránsito.

Impacto económico: del atraso a la conexión

La importancia de esta vía no se mide únicamente en kilómetros construidos. Su impacto se proyecta directamente sobre la economía rural.

La nueva conexión permitirá reducir tiempos de desplazamiento y costos logísticos para productores agrícolas y ganaderos, facilitando la salida de mercancías hacia centros urbanos y mercados regionales.

Para muchos campesinos, significa pasar de perder dinero en transporte a recuperar competitividad.

En una subregión donde la producción depende del acceso a las vías, cada tramo pavimentado representa ingresos más estables y menos pérdidas.

La obra también fortalece la interconexión entre municipios del norte del Magdalena, integrando territorios que históricamente permanecieron desconectados del desarrollo vial departamental.

Infraestructura como bandera política

El avance del proyecto ha sido presentado por sus impulsores como evidencia de continuidad administrativa entre gobiernos departamentales de izquierda, que destacan la ejecución de obras diseñadas en una administración y financiadas en otra como muestra de planificación a largo plazo.

Más allá del discurso político, en el territorio el cambio comienza a sentirse en términos prácticos: maquinaria trabajando, tramos pavimentados y una carretera que deja de ser promesa para convertirse en realidad tangible.

Con un 73% de ejecución, la vía Pivijay – La Retirada entra ahora en su fase decisiva. El reto será mantener el ritmo de obra y cumplir los tiempos proyectados para su entrega total.

Para las comunidades, la expectativa es clara: que esta vez la carretera sí llegue hasta el final.

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Porque en esta zona del Magdalena, las vías no solo conectan municipios. Conectan oportunidades, mercados y, sobre todo, la posibilidad de salir del aislamiento que durante años frenó su desarrollo.


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