El desolador panorama que dejó incendio de cabañas y restaurantes en Mendihuaca: “pareciera que el diablo se metió en la Troncal”


Un complejo turístico de diez cabañas y un restaurante quedó destruido tras un incendio que arrasó en minutos una millonaria inversión en la Troncal del Caribe. No hubo víctimas, pero la comunidad siente que atraviesa una temporada marcada por tragedias consecutivas.

El silencio llegó después del fuego. Donde horas antes había techos de palma, mesas listas para turistas y el sonido constante del mar mezclado con risas, ahora solo quedaron maderos ennegrecidos apuntando al cielo como huesos abiertos. Todo lo demás desapareció.

El incendio arrasó con años de esfuerzo, con decenas de empleos, con todo.

Un complejo turístico de diez cabañas y un restaurante, levantado con sacrificio frente a la playa de Mendihuaca, terminó reducido a cenizas la tarde de este viernes. La inversión millonaria quedó convertida en un paisaje gris, cubierto por humo y olor a madera quemada.

Sus propietarios caminaban entre los restos sin decir mucho. Miraban. Tocaban lo que quedaba. Intentaban reconocer el lugar donde hasta hace horas funcionaba su sustento y el de decenas de familias.

Costaba entender que todo hubiera desaparecido tan rápido.

El fuego que no dio tiempo

Las llamas comenzaron sin aviso y avanzaron con una rapidez imposible de contener. Los materiales livianos con los que estaban construidas las cabañas alimentaron el incendio como si el viento también estuviera del lado del desastre.

Trabajadores, vecinos y turistas corrieron hacia la playa cargando lo primero que encontraron: colchones, neveras, ventiladores, sillas, documentos. Lo que se pudiera salvar antes de que el fuego lo reclamara también.

Desde la arena, la escena parecía irreal.

Personas formando filas con baldes de agua. Otros golpeando las llamas con lo que tenían a la mano. Policías y soldados usando extintores manuales mientras el calor obligaba a retroceder una y otra vez.

La ayuda oficial tardó. Los bomberos debieron salir desde Santa Marta, a varios kilómetros de distancia, y atravesar el paso afectado por el colapso del puente Mendihuaca, arriesgando sus propias vidas para llegar a la emergencia.

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Cuando finalmente arribaron, el incendio ya había terminado su trabajo. No quedaba nada que apagar.

Una playa llena de recuerdos salvados

Ahora la playa permanece cubierta de objetos rescatados a última hora. Electrodomésticos mojados por el agua salada, muebles improvisadamente alineados, colchones extendidos al sol como si intentaran secar también la tristeza.

Turistas que habían llegado buscando descanso terminaron convertidos en brigadistas improvisados, ayudando a cargar pertenencias y acompañando a quienes lo perdieron todo.

La solidaridad apareció cuando ya no había forma de salvar las estructuras.

La sensación de una tragedia que no termina

Entre lágrimas, una trabajadora del lugar intentaba encontrar explicación a lo ocurrido.

Parece que el diablo se hubiera metido en la Troncal”, dijo, mirando las cenizas.

La frase resume el sentimiento colectivo de una comunidad que siente que las desgracias llegaron en cadena.

Primero fue la emergencia causada por el frente frío, que provocó inundaciones, daños en viviendas y desplazamientos. Luego el colapso del puente Mendihuaca, que separó a Magdalena y La Guajira y redujo drásticamente el flujo turístico. Después, la crisis del Parque Tayrona, que frenó la llegada de visitantes.

Y ahora, el fuego. Todo en pocas semanas.

Aunque no hubo pérdidas humanas, las heridas económicas y emocionales son profundas. Familias enteras quedaron sin empleo y la zona enfrenta una de sus temporadas más difíciles en años.

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El mar sigue llegando a la orilla con la misma calma de siempre, indiferente al desastre. Pero detrás del paisaje permanece la sensación de que algo se rompió.

La comunidad intenta entender por qué, en tan poco tiempo, todo empezó a arder al mismo tiempo.


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