Entró al mar para salvar la bicicleta con la que trabajaba y murió ahogado en El Rodadero


El hombre de 60 años, falleció por inmersión tras ingresar al mar para recuperar una bicicleta acuática que era arrastrada por el fuerte oleaje en el sector de Mi Ranchito, en El Rodadero.

El mar no le quitó solo el aire. Le quitó el sustento, la fuerza y finalmente la vida.
Orlando Segundo Hurtado Carracedo vio cómo la bicicleta marina con la que trabajaba todos los días comenzaba a alejarse empujada por el oleaje. No pidió ayuda. Creyó que podía controlarlo. Se metió al agua para salvar lo único que tenía para llevar comida a su casa y nunca volvió a salir.

La tragedia ocurrió en la mañana del domingo en el sector de Mi Ranchito, en las playas de El Rodadero, cuando el balneario estaba lleno de turistas, vendedores y trabajadores informales que iniciaban una jornada aparentemente normal.

La bicicleta acuática —una de las que Orlando alquilaba a visitantes— empezó a ser arrastrada por la corriente mar adentro. Para muchos era solo un equipo recreativo. Para él, era su trabajo diario.

Sin medir el riesgo, ingresó al agua decidido a recuperarla.

Testigos dicen que avanzaba con dificultad mientras intentaba alcanzar el equipo. Cada metro le exigía más esfuerzo. La corriente lo empujaba hacia atrás y el oleaje golpeaba con fuerza. Desde la orilla algunos observaban la escena sin imaginar que estaban presenciando una emergencia mortal.

De un momento a otro, algo cambió.
Sus movimientos dejaron de ser firmes. Comenzó a perder estabilidad. Algunos aseguran que pudo sufrir un calambre o un agotamiento repentino producto del esfuerzo. Levantó los brazos intentando mantenerse a flote. Entonces pidió ayuda.

Segundos después, el mar lo cubrió.
El desconcierto se apoderó de la playa. Compañeros de trabajo notaron que no regresaba a la superficie y se lanzaron a buscarlo. Tras varios minutos de angustia lograron ubicarlo sumergido a poca profundidad y lo llevaron hasta la arena. Allí comenzó una carrera contra el tiempo.

Entre gritos y nerviosismo, intentaron reanimarlo mientras llegaban los organismos de socorro. Paramédicos continuaron las maniobras de resucitación y lo trasladaron de urgencia a un centro asistencial. Sin embargo, los esfuerzos fueron insuficientes: los médicos confirmaron su fallecimiento por inmersión.

Orlando tenía 60 años. Era oriundo del municipio de San Ángel y residía en el barrio Buenos Aires de Santa Marta. Desde hacía años trabajaba en las playas de El Rodadero alquilando bicicletas marinas, soportando largas jornadas bajo el sol para sostener a su familia.

Quienes compartían con él lo describen como un hombre disciplinado, trabajador y silencioso, de esos que llegan temprano y se van cuando termina el último turista.

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Su muerte dejó una escena difícil de olvidar: una playa llena de visitantes, el ruido del mar golpeando la orilla y la bicicleta acuática flotando sola, mientras quienes lo conocían entendían que, intentando salvar su sustento, Orlando terminó perdiéndolo todo.


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