“El Diablo” se metió al cementerio San Miguel y saqueó tumbas; comunidad lo vio y entregó a la policía


El ladrón fue capturado tras ser sorprendido con cinco lápidas que, según la comunidad, había arrancado del cementerio San Miguel. Los vecinos denuncian que los robos son recurrentes y que la falta de vigilancia convirtió el camposanto en blanco fácil.

En el cementerio San Miguel, donde las familias llegan a orar y limpiar las tumbas de sus seres queridos, el diablo entró de madrugada a arrancar lápidas como si fueran piezas sin importancia. No era la primera vez. Pero esta vez lo pillaron.

Habitantes del sector vieron al hombre sospechoso y lo abordaron descubriendo que había robado una cantidad considerable de lápidas.

De inmediato alertaron a la Policía sobre el hombre quien es conocido como alias El Diablo.

La escena no era menor: cinco lápidas estaban en su poder cuando fue interceptado en la calle 21, entre carreras 7 y 6.

Cinco nombres arrancados. Cinco memorias violentadas.

Un delito repetido

Los robos en el cementerio San Miguel no son un hecho aislado. Según denuncias de la comunidad, la apropiación de lápidas se ha convertido en un problema recurrente. Las piezas desaparecen sin explicación. Las tumbas amanecen mutiladas. El dolor de la pérdida se reabre cuando las familias descubren que ni siquiera el lugar donde descansa su ser querido está a salvo.

Los vecinos aseguran que el capturado aprovechaba la falta de vigilancia dentro del cementerio para cometer los hurtos. Entraba en la oscuridad, arrancaba las placas y salía sin que nadie lo detuviera.
Hasta ahora.

La alerta ciudadana fue clave. Tras el aviso, unidades policiales detuvieron al sospechoso y recuperaron el material robado.

Aunque la captura representa un alivio momentáneo, la comunidad insiste en que el problema es estructural. Sin vigilancia permanente, el cementerio seguirá expuesto.

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Porque el robo de lápidas no es solo un delito contra la propiedad. Es una agresión directa contra la memoria. Contra el respeto por los muertos. Contra la tranquilidad de quienes visitan el lugar buscando recogimiento.


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