
Pacto Histórico destapa presunto cartel electoral con plata pública para comprar votos y presionar a trabajadores públicos
La campaña a la Cámara del Pacto Histórico alertó sobre presunto desvío de recursos públicos, presiones a funcionarios, constreñimiento en hospitales y compra masiva de votos. Hablan de una maquinaria activada para imponer resultados a la fuerza.
Desde la campaña del Pacto Histórico a la Cámara de Representantes lanzaron una denuncia pública que sacude el proceso electoral: uso de plata del Estado para hacer política, empleados obligados a votar por ciertos candidatos y mercados entregados bajo condiciones.
Según la colectividad, hay información de maniobras dentro de los gobiernos para desviar recursos y poner a contratistas a trabajar como soldados electorales. El que no obedece, dicen, recibe amenazas. El que se resiste, pierde el puesto.
El señalamiento más duro que dejaron señalado en el comunicado de prensa apunta al sector salud. Hospitales y entidades se habrían convertido en centros de presión política donde médicos, enfermeras y administrativos son forzados a respaldar campañas ajenas.
A esto se suma —según la denuncia— una compra masiva de conciencias en varios municipios del departamento. Plata en efectivo, mercados, promesas de contratos: “el viejo manual de la trampa que pretende reemplazar la voluntad de la gente por el precio del miedo”, precisa el Pacto Histórico.
Para la colectividad, lo que está en marcha no es simple proselitismo, sino un “grave atentado contra la democracia”. Hablan de un sistema diseñado para mantener en el poder a los mismos de siempre, torciendo las reglas y usando al Estado como caja menor de campaña.
La colectividad anunció que llevará las denuncias a Procuraduría, Fiscalía y Consejo Nacional Electoral. Exigen investigaciones inmediatas y sanciones ejemplares.
“No puede haber elecciones libres con una pistola burocrática en la cabeza del trabajador”, advierten.
El llamado final fue para la gente: no ceder, no vender el voto, no dejarse intimidar. Pero en los pueblos del Magdalena el mensaje se escucha con escepticismo. Muchos dependen de un contrato para comer y de un político para seguir trabajando.
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El 9 de marzo no solo se elegirán curules. También se medirá si el voto vale más que un billete y si la democracia del Magdalena está sujeta únicamente a maquinarias bien aceitadas.
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