Entraron a la casa, los sacaron al río y los mataron: así fue el crimen de tres hermanos


El triple asesinato encendió las alarmas en el oriente de Caldas. Las autoridades investigan un posible ajuste de cuentas ligado al narcotráfico y apuntan a la subestructura Géner Morales del Clan del Golfo.

A los hermanos López Osorio no los mataron en un cruce de balas ni en la calle. Los fueron a buscar a su propia casa. Tocaron la puerta, los sometieron y los obligaron a caminar hasta las orillas del río Guarinó.

Allí, sin testigos y sin piedad, los remataron a tiros.

El domingo 8 de febrero dejó de ser una fecha cualquiera para la vereda Cúcuta, en Marquetalia. Desde ese día el nombre de Marco Tulio, de 30 años; Lorenzo, de 32; y Damián, de 33, quedó unido a uno de los crímenes más brutales que ha vivido esa zona rural del oriente de Caldas. Tres hermanos, una misma sangre, un mismo destino.

Las primeras versiones de las autoridades indican que varios hombres armados irrumpieron en la vivienda donde residían. No hubo tiempo para correr. Los redujeron, los sacaron del lugar y los condujeron hacia un punto cercano al río. Minutos después se escucharon las detonaciones. Cuando los vecinos se atrevieron a asomarse, ya era tarde: los cuerpos estaban tendidos, uno al lado del otro.

El secretario de Gobierno de Caldas, Jorge Andrés Gómez Escudero, confirmó la realización de un consejo extraordinario de seguridad. “No vamos a permitir que la violencia se tome este territorio”, dijo, mientras pedía a la comunidad entregar información confidencial que permita dar con los responsables. Pero en el pueblo el miedo pesa más que cualquier promesa oficial.

Fuentes de inteligencia manejan una hipótesis que duele tanto como asusta: el triple homicidio habría sido un ajuste de cuentas por deudas relacionadas con el tráfico de estupefacientes. En los informes aparece un nombre que se repite en otros expedientes sangrientos de la región: la subestructura Géner Morales del Clan del Golfo.

Marquetalia no es un pueblo en guerra abierta, pero hace meses empezó a sentir el filo de la disputa por las rutas y los negocios ilegales. Extorsiones, amenazas y asesinatos selectivos se volvieron parte del paisaje. Lo ocurrido con los López Osorio confirmó lo que muchos preferían callar: los fusiles volvieron a mandar.

Quienes conocían a los hermanos cuentan otra historia. Dicen que habían regresado hace poco de Cali, donde trabajaron varios años. Que se dedicaban a la agricultura, que no se metían con nadie y que soñaban con levantar una finca propia. Un perfil bajo que no les alcanzó para salvar la vida.

Ahora solo queda una casa vacía, una familia destruida y un pueblo que volvió a encerrarse temprano. Las autoridades prometen capturas, recompensas y operativos. La comunidad promete silencio para no correr la misma suerte.

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A los tres hermanos los sacaron vivos de su hogar y los devolvieron muertos al pueblo. Ese es el resumen brutal de lo ocurrido. Lo demás, por ahora, son expedientes abiertos y un miedo que sigue armado.


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