
Influencers y cantantes mueven su poder digital para llevar millones de ayudas a damnificados en Córdoba
Con 24 municipios bajo el agua y más de 50 mil familias en la ruina, los celulares se convirtieron en canales de ayudas. Transmisiones en vivo, historias y enlaces de pago movieron en horas lo que la burocracia no logra en semanas: millones de pesos, toneladas de mercado y presencia directa en los pueblos anegados.
Córdoba no tuvo tiempo de esperar decretos. El agua entró primero y la ayuda oficial llegó después. Entre ese vacío se metieron las redes sociales, que terminaron haciendo el trabajo que le corresponde al Estado: recaudar plata, coordinar donaciones y poner gente en el terreno.
Los ríos Sinú y San Jorge desbordados dejaron un paisaje de derrota: casas inundadas, veredas incomunicadas, cultivos podridos y animales flotando. Las cifras son de catástrofe: 80 % del departamento afectado, 24 municipios inundados y más de 50 mil familias con la vida reducida a una muda de ropa. La gente no pedía discursos; pedía comida, agua y pañales.
La primera respuesta no salió de un consejo de ministros sino de un en vivo.
Luis Alfonso y Manuel Turizo encendieron sus cuentas y convirtieron las pantallas en alcancías públicas. No hablaron de conciertos: hablaron de niños durmiendo sobre mesas, de ancianos sin medicamentos, de campesinos viendo desaparecer el trabajo de años. En menos de una hora, los seguidores consignaron más de 200 millones de pesos. Cada notificación era un salvavidas digital.

Las redes se volvieron carreteras. Enlaces de Nequi y Daviplata reemplazaron a los trámites; historias de Instagram sustituyeron a los formularios. Lo que el Estado demora en licitar, un influencer lo resolvió con un link.

Yeferson Cossio usó ese mismo canal para otra tragedia paralela: la de los animales atrapados. Desde su cuenta compró y envió tres toneladas de comida para perros y gatos, gestionó veterinarios y medicamentos. Las donaciones se coordinaron por mensajes directos.

Andrea Valdiri hizo de su perfil un centro de acopio virtual. Anunció que no iría al Carnaval de Barranquilla porque “Córdoba nos necesita primero” y pidió ayuda sin intermediarios. En horas, sus seguidores llenaron un camión con mercados, pañales y medicinas. La logística se armó por historias: puntos de entrega, horarios, rutas. De la pantalla al asfalto.
En los pueblos inundados quedó claro quién llegó primero. Mientras los anuncios oficiales seguían en papeles, las donaciones de las redes ya los beneficiará. La solidaridad no pasó por ministerios: pasó por perfiles de gente famosa.
El Gobierno declaró emergencia económica y social, pero la emergencia real la atendieron los seguidores. Fueron ellos quienes con transferencias de cinco y diez mil pesos levantaron una muralla contra el hambre.
Córdoba aprendió a la fuerza que hoy el auxilio cabe en un teléfono. Que un “en vivo” puede mover más que un decreto y que un influencer, con todos sus excesos, puede convertirse en puente cuando el Estado es muro.
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El agua todavía no baja. Las pérdidas siguen ahí. Pero miles de familias no se quedaron solas porque las redes dejaron de ser vitrina y se volvieron canal humanitario. Esta vez, la ayuda no caerá del cielo sino de las redes sociales.
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