
La “curva de la muerte” volvió a cobrar una buena vida: Yoniel se estrelló en la Avenida del Río y no resistió
El motociclista, oriundo de Aracataca, perdió el control en la llamada Vuelta Fantasma. Fue trasladado con vida a la Clínica Bahía, pero los traumatismos le apagaron el pulso horas después. El punto sigue sumando cruces invisibles.
La Avenida del Río amaneció otra vez con otra tragedia. En la misma curva donde otros han caído, la moto de Yoniel de Jesús Acosta Narváez quedó destrozada. Eran las primeras horas del sábado cuando el hombre, perdió el control de su AKT negra y salió disparado contra el asfalto. La vía se lo tragó.
A ese tramo lo llaman la Vuelta Fantasma. Otros, sin eufemismos, la “curva de la muerte”. Allí no hay semana sin susto. Yoniel fue el último nombre en la lista.
Testigos alcanzaron a verlo tendido, inmóvil, con el casco a un lado y la moto varios metros más allá. El golpe fue seco, directo a la cabeza. Los primeros en auxiliarlo lo subieron a una ambulancia rumbo a la Clínica Bahía. Entró con signos vitales débiles, con un trauma craneoencefálico que presagiaba lo peor.
Los médicos intentaron todo. Horas de maniobras, medicamentos, máquinas respirando por él. Pero el cuerpo no aguantó. En una sala fría se confirmó lo que la calle ya intuía: Yoniel no iba a volver a casa.
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Hasta el centro asistencial llegaron agentes de la Unidad de Criminalística de Movilidad para hacer el levantamiento del cadáver. El protocolo de siempre, la escena repetida: fotografías, actas, una familia que aún no entiende cómo un trayecto cualquiera terminó en ataúd.
Las autoridades hablan de “pérdida de control”, de “causas por establecer”. Los vecinos hablan de otra cosa: de un punto mal diseñado, de falta de señalización, de exceso de velocidad, de una trampa que espera de noche.
El cuerpo fue trasladado a Medicina Legal y el Tránsito Distrital pidió a los familiares acercarse a los trámites.
Mientras tanto, la Avenida del Río siguió su rutina, como si nada. Los carros pasaron, las motos pasaron, la curva quedó ahí, lista para el próximo descuido.
Yoniel tenía familia en Aracataca, sueños sencillos y una vida común que terminó contra un bordillo.
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