Isis Navarro se mete a Aracataca sin ofrecer plata por votos, pero con la promesa de trabajar desde la Cámara


En la tierra deGabriel García Márquez, la candidata a la Cámara recorrió negocios, casas y esquinas defendiendo una campaña sin compra de votos. Comerciantes le reclamaron abandono histórico y ella respondió con un mensaje directo: no llega a prometer cheques sino trabajo permanente desde los territorios.

La política en Aracataca suele tener el mismo libreto de siempre: camionetas con altoparlantes, billetes que cambian de mano y candidatos que aparecen un mes y desaparecen cuatro años. Esta vez, el guion fue distinto. Isis Navarro caminó el pueblo sin caravanas lujosas, tocando puertas con los zapatos llenos de polvo y la agenda abierta para escuchar.

No fue un recorrido cómodo. En las tiendas del centro, varios comerciantes la recibieron con la desconfianza aprendida a punta de promesas incumplidas. “Aquí vienen solo cuando necesitan el voto y después no los vuelve a ver nadie”, le soltó un vendedor de frutas mientras acomodaba los mangos sobre una mesa vieja. La frase se repitió como un eco en cada esquina.

Navarro no esquivó el golpe. Dijo que entiende el cansancio de la gente y que su apuesta es otra: una campaña casa a casa, sin maquinarias, sin compra de conciencias, sin el maletín que ha dañado elecciones enteras en el Magdalena.

Si para llegar al Congreso hay que hipotecar la dignidad del pueblo, prefiero no llegar”, afirmó frente a un grupo de emprendedoras que le hablaron de deudas, de ventas caídas y de turismo estancado.

Aracataca, que vive de la sombra inmensa de Gabo y del recuerdo de mejores tiempos, le mostró las dos caras: la del orgullo cultural y la de la economía golpeada. Los mototaxistas pidieron seguridad; los pequeños hoteleros reclamaron promoción real y no discursos; los jóvenes hablaron de empleo que nunca llega. Cada historia fue un recordatorio de que la política, cuando se hace en la calle, huele a necesidad.

La candidata insistió en que su propuesta desde la Cámara estará enfocada en la economía popular y productiva, en abrirle camino al turismo comunitario y en convertir los reclamos en proyectos con presupuesto. Prometió volver, no como visitante de temporada, sino como aliada permanente. Muchos la escucharon con cautela; otros, con una esperanza que ya no se atreven a confesar en voz alta.

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Al caer la tarde, el recorrido terminó como empezó: sin tarimas, sin regalos, sin buses llenos. Solo conversaciones crudas sobre lo que duele en el Magdalena. En un departamento acostumbrado a la política del billete, la apuesta de Isis Navarro suena arriesgada. Falta ver si el voto, ese que tantas veces se ha vendido barato, esta vez decide costar dignidad.


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