
Cayó ‘Julio de la 18’: a punta de bala exterminaron a violenta pandilla que sembró terror
El asesinato de ‘Julio de la 18’, fundador del grupo criminal que durante años impuso terror en Cartagena, confirma el exterminio de una banda marcada por guerras con ‘Los Salsas Nueva Generación’, vínculos con el Clan del Golfo y una cadena de venganzas que terminó por alcanzarlos a todos.
A ‘Julio de la 18’ lo cazaron de día, en su propio barrio y sin darle oportunidad de nada. Dos hombres en moto se le acercaron, dispararon varias veces y lo dejaron tirado en la carretera. Murió ahí mismo.
Con él se acaba lo poco que quedaba de la pandilla ‘De la 18’, el grupo que durante años tuvo a La Esperanza y otros barrios de Cartagena viviendo bajo amenaza.
El ataque fue calculado. Los sicarios huyeron mientras la gente salía de las casas a ver el cuerpo. Algunos intentaron ayudar, pero las balas ya habían hecho el trabajo. Minutos después solo quedó el rumor corriendo por las calles: habían matado al último de los viejos jefes.
‘Julio’ no era un nombre cualquiera. Fue fundador de ‘La 18’ y mano derecha de ‘Fabiancito’, el máximo líder hoy preso. Durante años esa banda actuó como brazo armado del Clan del Golfo: cobraban extorsiones, controlaban el microtráfico y resolvían todo con plomo. El que no pagaba o no obedecía, lo pagaba caro.
La caída del grupo comenzó con la guerra contra ‘Los Salsas Nueva Generación’. Esa pelea por el territorio dejó una lista larga de muertos. Uno a uno fueron cayendo los integrantes de ‘La 18’: unos en enfrentamientos, otros traicionados por los mismos aliados. El poder cambió de manos y la antigua pandilla quedó reducida a sombras.
A ‘Julio’ lo perseguían viejas cuentas. En el barrio se dice que despojó de armas a la banda rival y luego intentó extorsionarlos para devolverlas. Cuando fueron a reclamarlas, respondió a tiros desde un carro. Desde ese día tenía sentencia. Él repetía que todo lo arreglaba por la fuerza y que lo respaldaba una “firma”. Esa protección no le sirvió de nada.
La Policía llegó para acordonar la escena, revisar cámaras y recoger testimonios. Para los investigadores es un posible ajuste de cuentas. Para la comunidad es el cierre de una historia de miedo que duró años.
Los vecinos dicen que ya no quedan casi nombres de aquella época, pero nadie se atreve a celebrar. En La Esperanza saben que cuando cae un jefe, otro aparece. Con ‘Julio de la 18’ enterraron al último de una generación violenta. Lo que no está claro es si con él también se enterró la guerra.
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