
Otra pareja de esposos de Gaira fue asesinada: salieron juntos en moto y sus cuerpos aparecieron en dos trochas distintas
La violencia en Gaira volvió a escribir otra página de sangre: una pareja de esposos fue asesinada y sus cuerpos arrojados en sitios distintos. Salieron a dar una vuelta en su moto recién comprada y terminaron convertidos en mensaje de terror. Las autoridades investigan si se trata de un nuevo ajuste de cuentas en un sector donde matar de a dos comienza a volverse rutina.
En Gaira están matando de a parejas. Hace apenas seis días cayeron Diego y Verónica en un negocio de bebidas, a plena vista de todos. Y la noche de este viernes la historia se repitió con otros nombres, con otro método, pero con la misma crueldad: a Carla Guzmán y a Miguel, conocido como “Caracas”, los cazaron, los separaron y los ejecutaron como si sus vidas no valieran nada.
Ellos habían salido juntos, tranquilos, montados en una motocicleta Pulsar que acababan de comprar. Era, según la familia, un pequeño logro después de años de rebusque en la informalidad turística de El Rodadero. Eran venezolanos, pero ya tenían su rutina en Santa Marta: trabajo, arriendo, planes sencillos. Nada hacía pensar que esa salida nocturna sería la última.
Horas después, fueron encontrados baleados y sin vida.
Cerca de las 11:00 de la noche, el cuerpo de Miguel apareció tirado a un costado de la entrada de la vía que conduce al Sena Agropecuario, muy cerca de la Troncal del Caribe, en Gaira. Tenía varios tiros en la cabeza y en otras partes del cuerpo. Lo dejaron boca arriba, sobre la tierra, como un bulto que estorba.
Minutos más tarde, en una trocha del sector de Don Jaca, apareció Carla. También baleada, también abandonada. Los familiares que llegaron al sitio no necesitaron preguntas: era ella, la esposa de Miguel, la mujer con la que había salido a compartir un rato y que ahora estaba tendida en el suelo, lejos de él, lejos de todo. La motocicleta no aparece.
Los asesinos actuaron distinto a otros crímenes recientes: no los mataron juntos, no los dejaron en el mismo punto. Los separaron para ejecutar el mensaje completo. Primero los interceptaron al salir de su vivienda, luego los dividieron y los remataron por turnos. Frío, calculado, sin testigos.
En el barrio la gente habla en voz baja. Nadie quiere decir demasiado. El miedo volvió a instalarse en las esquinas de Gaira, donde los ajustes de cuentas ya no son noticia sino costumbre. La comunidad quedó impactada por la brutalidad del doble crimen y por la forma en que los cuerpos fueron regados como advertencia.
Carla y Miguel habían en lo que saliera: ventas, turismo informal, oficios del día a día. No eran figuras públicas, no tenían lujos, no mostraban enemigos. Pero alguien decidió que debían morir y lo hizo sin compasión.
Las autoridades apenas repiten la frase de siempre: “se investigan móviles y responsables”. No hay capturas, no hay hipótesis claras, no hay explicación para dos vidas arrancadas en una misma noche. Solo quedan preguntas: ¿con quién se metieron?, ¿qué vieron?, ¿qué debían?, ¿por qué separarlos para matarlos?
Lo único cierto es que salieron felices y regresaron en bolsas porque en Gaira, otra vez, el amor terminó enterrado por las balas.
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