La titánica labor de limpiar la playa de Los Cocos; 300 personas han retirado 45 metros cúbicos de basura y falta más


El fuerte oleaje devolvió a la orilla toneladas de desechos acumulados durante años. Una multitud y maquinaria pesada trabajan para recuperar 700 metros de Playa, en una operación que se extenderá hasta el viernes y que ya ha retirado 45 metros cúbicos de residuos.

El mar convirtió Playa Los Cocos en un basurero a cielo abierto. Toneladas de desechosllantas, muebles, colchones, plásticos y restos de embarcaciones— amanecieron regadas sobre la arena tras el fuerte oleaje, obligando a un operativo de emergencia con 300 personas, maquinaria pesada y jornadas que se extenderán por varios días.

La imagen era difícil de creer: donde normalmente hay pescadores y bañistas, aparecieron montañas de basura compactada por la marea. El frente frío no solo agitó el agua; también desenterró todo lo que durante años fue arrojado a ríos y alcantarillas y terminó en el Caribe.

Una operación que desbordó lo previsto

La Alcaldía de Santa Marta activó un plan de choque desde el Puesto de Mando Unificado instalado en el Palacio Distrital. La orden fue clara: limpiar antes de que la próxima marea volviera a tragarse los residuos.

Desde las dos de la tarde del martes, cuadrillas de operarios, soldados del Ejército, voluntarios y funcionarios distritales se desplegaron a lo largo de 700 metros lineales de costa. Lo que encontraron superó cualquier cálculo.

“Pensábamos que era recoger plástico, pero aquí hay de todo: sofás, neveras partidas, tablas, hasta partes de lanchas”, contó un trabajador de Atesa mientras llenaba un costal que parecía no tener fondo.

Para mover los objetos más pesados tuvieron que entrar dos máquinas amarillas, una volqueta y una góndola. En las primeras horas se retiraron 45 metros cúbicos de material, entre reciclable y no reciclable, una cifra que solo refleja el arranque de la intervención.

Lo que la ciudad le debía al mar

Entre la arena húmeda aparecieron restos que contaban una historia incómoda: neumáticos, envases industriales, redes de pesca, juguetes, colchones inflados y cientos de botellas.

El olor a sal mezclado con descomposición acompañó toda la jornada. “Esto no lo trajo el mar de otro país, esto es nuestro”, repetía un voluntario mientras clasificaba plásticos.

Ambientalistas que acompañaron la limpieza fueron directos: el episodio no es un accidente natural, sino la consecuencia de años de arrojar basura al río Manzanares y a los canales de la ciudad.

Autoridades al frente

La intervención fue liderada por la Secretaría de Desarrollo Económico y Competitividad, con apoyo del Inred, organismos de socorro, el Ejército Nacional y la empresa Atesa. El alcalde Carlos Pinedo Cuello supervisó las labores y aseguró que la emergencia es prioritaria.

“No es solo un problema de imagen turística, es un asunto de salud pública y de respeto por el entorno”, señaló el mandatario, mientras las volquetas salían cargadas rumbo al sitio de disposición final.

Las jornadas se extenderán hasta el viernes y no se descarta que deban prolongarse si el oleaje vuelve a expulsar nuevos residuos.

El operativo se desarrolló ante la mirada de visitantes que no esperaban encontrarse con ese panorama. Algunos se ofrecieron a ayudar; otros fotografiaban incrédulos.

Vinimos a conocer el mar y nos tocó conocer la basura”, dijo una turista de Bucaramanga que terminó con guantes prestados llenando bolsas.

Los comerciantes del sector temen que la escena golpee la temporada, pero admiten que no había alternativa. “Primero toca limpiar la casa”, comentó un vendedor de bebidas.

El mensaje que dejó la marea

Desde la administración distrital insistieron en un llamado urgente: dejar de arrojar residuos a los cauces. Todo lo que cae al Manzanares termina tarde o temprano en el Caribe, y el mar, como quedó demostrado, lo devuelve.

Al caer la tarde, algunos tramos de la playa empezaron a recuperar su aspecto. Pero debajo de la arena seguían apareciendo objetos enterrados, recordando que la limpieza no será de un día.

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Playa Los Cocos quedó convertida en un espejo incómodo para Santa Marta: el mar mostró, sin filtros, lo que la ciudad ha preferido no ver. Ahora la tarea es recogerlo, pero sobre todo, dejar de seguir alimentando la próxima marea de basura.


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