
Villas de Alejandría se hunde otra vez y una casa queda al borde del colapso
Las precipitaciones asociadas al frente frío reactivaron el deterioro en la urbanización, donde ya se había declarado la calamidad pública tras el hundimiento de un camión distribuidor de agua. Las autoridades ejecutan obras para trasladar las tuberías internas, señaladas como la causa de la socavación, pero la comunidad denuncia que el daño avanza más rápido que las soluciones.
El suelo volvió a fallar en Villas de Alejandría y esta vez dejó una casa al borde del desplome. Varias placas de concreto de un callejón se hundieron por las lluvias recientes y los vecinos temen que el próximo colapso no sea de cemento, sino de vidas.
En las últimas horas, el concreto cedió otra vez. Las lluvias que no han dado tregua terminaron de abrir heridas viejas y una vivienda quedó con la terraza partida, inclinada, como si el suelo se la hubiera empezado a tragar sin pedir permiso.
Para los vecinos esto ya no es una sorpresa, es una angustia repetida. En agosto un camión distribuidor de agua desapareció varios metros bajo el pavimento cuando las placas colapsaron de repente. Desde entonces, el sector quedó marcado como una zona de riesgo donde en varios puntos caminar es un acto de fe.

Tras aquel episodio se declaró la calamidad pública para mover recursos con rapidez. Ingenieros y obreros trabajan hoy en el traslado de la tubería interna hacia el costado de la quebrada, porque los estudios son claros: las redes están viejas, rotas, filtrando agua que va lavando la tierra por debajo hasta dejar el concreto flotando en el vacío.
El problema es que el barrio no espera.
Mientras las máquinas avanzan, el terreno sigue cediendo. La casa afectada es la prueba más reciente de que el peligro camina más ligero que los contratos y los cronogramas.
Los habitantes lo dicen con rabia y miedo. Hablan de grietas nuevas y de esa sensación de vivir sobre un suelo debilitado. Muchos ya no duermen tranquilos cuando empieza a llover.

“Que vengan a mirar esto de nuevo, antes de que pase algo peor”, repiten los vecinos, que sienten que el barrio se les desmorona debajo de los pies.
Villas de Alejandría lleva años peleando con un enemigo invisible: tuberías obsoletas, humedad constante y un terreno debilitado que ya no aguanta más remiendos. Hoy el frente frío volvió a desnudar esa realidad.
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Y el temor es uno solo:
que el próximo hueco no se lleve solo una placa, sino una familia entera.

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