Yates, fiestas y cocaína: así cayó en Ciénaga el “narco- empresario” que era enlace de tres mafias internacionales


Durante años fue visto como un empresario extranjero que disfrutaba del sol del Caribe entre yates y camionetas de lujo. Detrás de esa fachada, según las autoridades, se escondía uno de los enlaces más importantes del narcotráfico entre Suramérica, Europa y el norte de África. Su captura en Magdalena destapó una red que conectaba mafias italianas, albanesas y tunecinas.

Ciénaga amaneció con un nombre que nadie había escuchado y que, sin embargo, estaba en los radares de 196 países: Lorenzo Dei Meneghetti, alias “Lorenzo”, italiano de 47 años, señalado por Interpol como pieza clave del envío de cocaína hacia Europa.

La Policía Nacional lo detuvo en una operación quirúrgica, coordinada con Italia e Interpol Roma, que puso fin a casi una década de búsqueda. Para los vecinos del municipio, el hombre esposado no era un criminal internacional: era “el italiano de los yates”, un extranjero amable que frecuentaba restaurantes, se movía en camionetas de alta gama y parecía vivir de rentas misteriosas.

Esa normalidad fue, según los investigadores, su mejor coartada.

Una vida de lujos con olor a cocaína

Dei Meneghetti había construido en el Caribe colombiano un escenario perfecto para camuflarse. Paseaba por marinas privadas, organizaba reuniones en espacios exclusivos y mantenía un estilo de vida que deslumbraba: relojes costosos, vehículos blindados, viajes permanentes.

Las autoridades sostienen que esa ostentación no era casual. Detrás operaba una estructura transnacional que movía toneladas de cocaína hacia puertos de Italia, España y Marruecos. El italiano habría sido el articulador logístico entre carteles suramericanos y mafias europeas, utilizando empresas fachada y sistemas de comunicación encriptados para no dejar rastro.

Para ingresar y moverse por Colombia —revelaron las pesquisas— usó documentación falsa de origen rumano. Con esa identidad alterna dirigió operaciones a miles de kilómetros de distancia sin levantar sospechas.

El puente entre tres mafias

Los expedientes europeos lo describen como un “facilitador estratégico”. No era un simple transportador: negociaba precios, garantizaba rutas marítimas y conectaba a organizaciones criminales de Italia, Túnez y Albania.

Desde Ciénaga, habría coordinado cargamentos que cruzaban el Atlántico escondidos entre contenedores legales. Su función era unir voluntades criminales que rara vez se sentaban en la misma mesa.Por eso su nombre figuraba en la lista de los más buscados de Italia desde hace diez años.

La operación internacional

El golpe fue anunciado en Bogotá por el ministro de Defensa, Pedro Sánchez Suárez, quien confirmó que el procedimiento estuvo a cargo de la Dirección de Inteligencia Policial (Dipol) con apoyo del Servicio de Cooperación Internacional de Italia e Interpol Roma.

“El capturado figuraba con notificación roja por asociación para delinquir con fines de tráfico de estupefacientes y es considerado cabecilla del narcotráfico en Suramérica”, afirmó el ministro.

El director de la Policía, general William Rincón, fue más allá:

“El crimen no tiene fronteras; nuestra acción tampoco. Estamos dando cumplimiento con dignidad”.

Detrás de esas frases oficiales hay meses de seguimientos, interceptaciones y análisis financieros que permitieron ubicarlo en un entorno donde se creía intocable.

El vecino que nadie conocía

En los barrios cercanos a la zona donde fue detenido, la noticia aún parece un libreto de serie. Algunos recuerdan haberlo visto tomando café frente al mar; otros hablan de fiestas discretas y de un acento extraño que despertaba curiosidad.

Nadie imaginó que ese hombre que saludaba en italiano fuera el mismo que Europa buscaba por coordinar rutas de cocaína y lavar millones de euros.Su caída reveló cómo el Caribe se ha convertido en refugio de capos globales que mezclan turismo, negocios legales y crimen organizado.

Lo que viene

Dei Meneghetti enfrenta un proceso de extradición hacia Italia, donde deberá responder por cargos que podrían costarle décadas de prisión. Las autoridades colombianas aseguran que su captura permitirá identificar cómplices locales y empresas usadas para lavar dinero.

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El caso deja una lección inquietante: los grandes capos ya no se esconden en selvas remotas, sino en condominios con vista al mar, confundidos entre la vida cotidiana.


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