
Drones, rastreo digital y un error en redes sociales: así cayó “Julito”, el menor de 17 años que puso en jaque a la Policía
Un mes de seguimiento técnico, inteligencia encubierta y un operativo propio de grandes capos terminó con la captura de alias “Julito”, el adolescente más buscado del área metropolitana. Su caída no fue casual: fueron sus propios descuidos en redes sociales los que entregaron su ubicación exacta.
Alias “Julito” tenía 17 años y se movía como un objetivo de alto valor por el daño que había causado. Durante semanas, la Policía Metropolitana de Bucaramanga lo buscó como se busca a un gran jefe criminal: con inteligencia, tecnología, análisis de datos y un cerco que se cerraba sin hacer ruido.
Capturarlo no fue sencillo. Julito sabía que lo buscaban. Aun así, volvía a salir, ejecutaba ataques y desaparecía. Esa dinámica obligó a las autoridades a montar una operación sostenida, milimétrica, diseñada para no alertarlo y evitar una confrontación armada que pudiera terminar en tragedia.
Un objetivo seguido con lupa
La investigación se activó como una cacería técnica. Unidades de la SIJIN, SIPOL, Infancia y Adolescencia y la Fiscalía trabajaron de manera coordinada para reconstruir cada movimiento del menor: sus contactos, sus rutas, sus refugios y su entorno cercano.
Se revisaron cámaras de seguridad públicas y privadas, se cruzó información de llamadas, se analizó su círculo social y se usaron herramientas de rastreo digital. El despliegue fue total. La orden era clara: ubicarlo sin margen de error.
Durante casi un mes, Julito logró evadir el cerco. Cambiaba de escondite, se movía con apoyo logístico y contaba con protección. Para los investigadores, no era un menor improvisado, sino un actor criminal con respaldo y recursos.
El error que lo delató
El quiebre de la operación llegó por donde menos lo esperaban: las redes sociales. Julito y los jóvenes que lo acompañaban cometieron errores propios de su edad. Publicaron fotografías del lugar donde se escondían, sin medir las consecuencias.
Ese contenido fue clave. Analistas digitales de la Policía lograron georreferenciar las imágenes, contrastarlas con datos previos y confirmar el punto exacto donde se encontraba el objetivo. La información fue verificada por aire con drones, que confirmaron no solo su presencia, sino que estaba acompañado por varias personas.
Con la ubicación confirmada, se activó la fase final.
Un operativo de alto nivel
La noche elegida no fue casual. El operativo fue planeado para sorprenderlo en un momento de menor capacidad de reacción. Un despliegue robusto, propio de la captura de grandes capos, se tomó el lugar donde se ocultaba.
En una finca ubicada en Lebrija, un municipio del departamento de Santander (Colombia) cerca de la ribera del río Sogamoso y muy cerca de la frontera con el departamento de Boyacá, allí estaba Julito armado. Tenía con qué responder. Pero la intervención fue tan rápida y precisa que no tuvo tiempo de reaccionar. En segundos, el cerco se cerró.
En el procedimiento fueron capturadas seis personas y aprehendido otro menor de edad. La logística dio sus frutos.

Lo que encontraron en el escondite
El hallazgo confirmó el nivel de peligrosidad del objetivo y el respaldo criminal que tenía. Las autoridades incautaron un revólver, una pistola nueve milímetros, 86 cartuchos de diferentes calibres, cuatro motocicletas, ocho teléfonos celulares y un chaleco antibalas de uso institucional, presuntamente perteneciente a la UNP.
Cada elemento incautado pasó a fortalecer el proceso judicial y a evidenciar que Julito no actuaba solo ni de manera improvisada.

Inteligencia que cerró el cerco
El general William Quintero, comandante de la Policía Metropolitana, fue claro al explicar que la captura fue el resultado de inteligencia sostenida y no de un golpe de suerte.
“Era imperativo capturarlo. Teníamos claro quién era, cómo operaba y con quién se movía. El trabajo técnico permitió ubicarlo y neutralizarlo sin poner en riesgo a la comunidad”, señaló.
La orden de aprehensión se sustentó en pruebas reunidas en tiempo récord y en una investigación focalizada que permitió actuar con precisión quirúrgica.

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Julito no cayó por casualidad. Cayó por errores. Por confiarse. Por olvidar que cada foto publicada puede convertirse en una coordenada y que, en esta guerra silenciosa, la información es el arma más letal.
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