Delcy Rodríguez se rebela contra Trump y advierte que no permitirá más órdenes ni intromisiones en Venezuela


Desde un acto con trabajadores petroleros, la presidenta encargada de Venezuela endureció su discurso contra Estados Unidos, rechazó cualquier tutela extranjera sobre la política interna y anunció la liberación de presos políticos.

Venezuela volvió a tensar la cuerda con Estados Unidos. Esta vez no fue con un comunicado diplomático ni con una nota oficial: fue con un discurso fuerte pronunciado ante trabajadores del sector petrolero y transmitido en cadena nacional. Delcy Rodríguez, presidenta encargada del país, lanzó una advertencia directa a Washington y dejó claro que su gobierno no seguirá aceptando presiones externas sobre el rumbo político venezolano.

“Ya basta de las órdenes de Washington sobre políticos en Venezuela”, dijo.

No fue una frase al pasar. Fue el eje de un mensaje diseñado para marcar la posición que se adoptaría en medio de una crisis institucional que no da tregua.

El escenario elegido —Puerto La Cruz, corazón energético del país— no fue casual. Desde allí, Rodríguez habló de soberanía, pero también de control. Insistió en que los conflictos venezolanos deben resolverse sin mediadores extranjeros y reclamó que el debate político vuelva a manos de los actores nacionales.

Que sea la política venezolana quien resuelva nuestras divergencias y nuestros conflictos internos”, afirmó, colocándole limites a lo que considera una injerencia equivocada.

El discurso endureció el tono frente a Estados Unidos, pero abrió una rendija hacia dentro. Rodríguez anunció que su gobierno liberará un “número importante” de presos políticos, un gesto que busca enviar señales simultáneas: alivio a sectores críticos, mensaje a la comunidad internacional y oxígeno político en un país exhausto por años de confrontación.

La contradicción no pasó desapercibida. Mientras rechaza de forma tajante cualquier presión externa, la mandataria intenta mostrar voluntad de distensión interna. Es una estrategia de doble carril: confrontación afuera, control del diálogo adentro.

Dos días antes, el sábado 24 de enero, Rodríguez ya había hablado de “alcanzar acuerdos” para garantizar la “paz” en Venezuela.

La presión estadounidense se ha mantenido tras la incursión militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro.

Desde La Guaira, reforzó esa narrativa. “No puede haber diferencias ni políticas ni partidistas cuando se trata de la paz de Venezuela”, dijo ante las cámaras de VTV. Sin embargo, el llamado a la unidad vino acompañado de advertencias claras.

Rodríguez afirmó estar dispuesta a escuchar a quienes piensen distinto, pero fijó límites estrictos. “Es bienvenida la discusión con respeto”, señaló, antes de lanzar una de sus frases más duras contra sectores opositores. “Quienes se atrevieron a ir a los Estados Unidos a dar las gracias por el bombardeo contra nuestro pueblo no merecen la dignidad de este país ni su gentilicio”. No dio nombres, pero el mensaje fue inequívoco.

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El encargo de conducir un “verdadero diálogo” nacional quedó en manos de Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento. La condición es innegociable: sin imposiciones externas, ni desde Washington ni desde ninguna otra capital. El diálogo existe, pero bajo reglas fijadas desde el poder.


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