Balance de la alcaldía: Santa Marta cerró 2025 con menos muertos, menos robos y una ciudad vigilada bajo presión


La tasa de homicidios cayó 16,2% en 2025, los robos a bancos se redujeron a la mitad y los feminicidios bajaron 38,4%. La Alcaldía atribuye los resultados a recompensas, refuerzo operativo y una estrategia de control que dejó capturas, condenas y estructuras criminales desmanteladas.

Santa Marta terminó el 2025 con una noticia que durante años parecía esquiva: menos muertos en las calles y una caída real en varios de los delitos que más miedo generan entre los ciudadanos. Las cifras oficiales muestran que la violencia no desapareció, pero sí retrocedió.

Según el Observatorio del Delito de la Secretaría de Seguridad y Convivencia, la ciudad registró 166 homicidios en 2025, una reducción del 16,2% frente a los 198 casos del 2024 y por debajo de los 195 registrados en 2023. Son 32 vidas menos perdidas en comparación con el año anterior, en una ciudad acostumbrada a contar muertos semana tras semana.

De esos homicidios, 138 estuvieron relacionados con sicariato, ocho fueron feminicidios y el resto correspondió a hechos violentos asociados a riñas, violencia intrafamiliar, accidentes de tránsito y suicidios. Cada cifra tiene un expediente, una familia rota y una investigación detrás.

Menos robos planeados, menos golpes al sistema financiero

El informe oficial también reporta una reducción del 50% en el hurto a entidades bancarias. En todo 2025 solo se registraron cuatro hechos, una cifra que contrasta con años anteriores en los que los asaltos a bancos eran golpes calculados que exhibían fallas de control y reacción.

Para la administración distrital, estos resultados están ligados a una mayor presión investigativa y operativa, articulada entre la Policía Metropolitana, los organismos judiciales y la Fuerza Pública.

Recompensas: información que llevó a la cárcel

Parte del buen balance tiene que ver con la implementación de la política de pago de recompensas, reglamentada mediante el Decreto 092 de marzo de 2025. El objetivo fue claro: romper el silencio y obligar a las bandas a desconfiar incluso de su entorno.

La estrategia permitió resolver casos de alto impacto como el asesinato del comerciante Normando Díaz y el homicidio del ciudadano chino Wen Lee, de la cadena de restaurantes Long Hang. Por información clave se pagaron más de 90 millones de pesos, y los responsables hoy están privados de la libertad.

Actualmente, el Distrito tramita nuevos pagos dentro de una bolsa que supera los 300 millones de pesos, destinada a seguir incentivando la colaboración ciudadana en investigaciones complejas.

Más vehículos, más reacción, más capturas

La reducción de delitos también estuvo acompañada por una apuesta logística. En 2024, la Alcaldía entregó 44 motocicletas para fortalecer el modelo de vigilancia por cuadrantes. En 2025, sumó ocho camionetas destinadas a apoyar al Gaula de la Policía y el Ejército, la Policía Metropolitana y el CTI.

A esto se añadieron recursos para mantenimiento y combustible del parque automotor, una variable silenciosa pero determinante en la capacidad de respuesta. Más patrullas en movimiento significaron mayor presencia, reacción más rápida y mejores resultados investigativos, reflejados en capturas y judicializaciones.

El Gaula y la presión contra la extorsión

La llegada del Gaula de la Policía al distrito marcó otro punto de inflexión. Según el balance oficial, desde su entrada se registró una disminución en delitos como la extorsión y el secuestro, con más capturas y medidas intramurales contra quienes sostenían economías criminales basadas en el miedo.

En medio del control, la administración también apostó por una ruta distinta para los adolescentes vinculados al delito. Tras 15 años sin avances, en 2025 se inició la implementación del programa de Justicia Juvenil Restaurativa, contemplado en el Plan de Desarrollo “Santa Marta 500+”.

Con apoyo del ICBF, la Alta Consejería para la Paz y la Secretaría de Promoción Social, el Distrito habilitó un espacio físico y conformó un equipo humano especializado. La apuesta es reducir la reincidencia ofreciendo resocialización real, no solo castigo.

El balance deja cifras que alivian, pero no relajan. Santa Marta cerró 2025 con menos homicidios, menos robos de alto impacto y una estructura de seguridad más robusta. Sin embargo, los 138 casos de sicariato recuerdan que el control sigue siendo frágil y que la violencia aún busca espacios para sobrevivir.

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La reducción está sobre la mesa. El reto ahora es sostenerla sin bajar la guardia.


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