
Otro panfleto amenazante, el mismo miedo: la zozobra no se va de la Zona Bananera
Un nuevo panfleto intimidatorio volvió a sacudir a los corregimientos de la Zona Bananera, desafiando el reciente mensaje de calma de las autoridades. Aunque no se registraron hechos violentos inmediatos, el documento volvió a paralizar la vida comercial y social en una región que desde hace meses vive bajo amenaza constante.
En la Zona Bananera, un nuevo panfleto volvió a poner contra las cuerdas a comerciantes, campesinos y familias enteras que ya venían viviendo en estado de alerta. El mensaje, difundido rápidamente por redes sociales y cadenas de mensajería, llegó justo después de que las autoridades pidieran tranquilidad y aseguraran que el orden estaba bajo control.
El reto fue directo. Los panfletos no solo volvieron a circular, sino que señalan con nombres propios a supuestas nuevas víctimas y emitió órdenes al resto de la población. La advertencia, una vez más, fue suficiente para frenar la rutina: negocios cerrados antes de tiempo, calles vacías al caer la noche y conversaciones en voz baja para no llamar la atención.
El miedo que se fue quedando
La zozobra en la Zona Bananera no apareció de la noche a la mañana. Se ha ido instalando lentamente, corregimiento por corregimiento, hasta convertirse en parte del paisaje cotidiano. Sevilla, Río Frío, Orihueca, La Gran Vía, Tucurinca y Santa Rosalía son hoy territorios donde la gente mide cada paso y cada palabra.
Antes de este último panfleto, ya se acumulaban los signos de deterioro del orden público: intimidaciones, asesinatos, extorsiones, presiones ilegales y disputas por el control territorial. La economía local empezó a resentirse. Camiones que dejaron de entrar, comercios que bajan sus rejas más temprano y familias que prefieren no salir después del atardecer.
Nombres propios, miedo colectivo
El documento elevó la tensión al mencionar personas asociadas a distintos corregimientos. En Reposo fueron señalados Agustín Ospino, Adrián Montalvo y Manuel Bustamante. En Río Frío, Marlen Rodríguez, Álvaro González, Giovanny Gómez y Óscar López. También aparecieron nombres en Carital, Varela, La Gran Vía, Orihueca, Santa Rosalía, Tucurinca y Soplador.
Aunque el panfleto negó haber ordenado el cierre del comercio, habló de una supuesta “limpieza social” y advirtió sobre acciones contra quienes, según el mensaje, afectarían la tranquilidad del territorio. El impacto fue inmediato: menos movimiento, menos ventas y un ambiente de tensión que volvió a apoderarse de los pueblos.
Sin disparos, pero con miedo
No hubo ataques ni asesinatos atribuidos de manera inmediata al comunicado. Sin embargo, en la Zona Bananera el miedo no necesita balas para hacer efecto. Basta un papel, un mensaje reenviado o un audio anónimo para cambiar la dinámica social y económica de toda una región.
Tras la circulación del panfleto, las autoridades anunciaron refuerzos de seguridad. Se activaron patrullajes conjuntos entre Policía y Ejército, controles en vías principales y secundarias y presencia institucional en varios corregimientos.
Desde el Gobierno se insistió en que no se permitirá que estructuras armadas ilegales impongan control social ni gobiernen a través del terror. El mensaje oficial es de firmeza, pero en el territorio la percepción es distinta: la gente sigue actuando con cautela, esperando que esta vez las acciones sí logren romper el ciclo.
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