
Una mujer perdió brazos y piernas tras contraer una bacteria por el lamido de su perro cuando llego de vacaciones
Una mujer en Estados Unidos sobrevivió a una sepsis fulminante causada por una bacteria presente en la saliva de su perro. El contagio comenzó con una herida mínima, pasó inadvertido y terminó en la amputación de sus cuatro extremidades.
El regreso a casa tras unas vacaciones en el Caribe terminó en una tragedia impensada para Marie, una mujer residente en Estados Unidos. Al reencontrarse con su perra Taylor, una pastor alemán de dos años, recibió besos y lamidos, un gesto cotidiano y afectuoso que jamás imaginó que podría poner su vida en riesgo.
Días después del viaje, Marie comenzó a sentirse mal. Aparecieron dolores estomacales, intensas molestias en la espalda y un malestar general que no cedía. En cuestión de horas, su estado se deterioró de manera alarmante hasta que perdió la conciencia. Su esposo, al ver la gravedad de la situación, la trasladó de urgencia a un hospital, pero el cuadro siguió empeorando y los médicos ordenaron su traslado en ambulancia aérea a un centro de mayor complejidad.
Para ese momento, Marie ya se encontraba inconsciente y luchando por su vida. Permaneció en estado crítico durante varios días, conectada a equipos de soporte vital, mientras los médicos intentaban estabilizarla y encontrar el origen de la infección que estaba afectando gravemente su organismo.
En un inicio, los especialistas sospecharon que se trataba de una enfermedad tropical adquirida durante su estancia en el Caribe. Sin embargo, tras numerosos exámenes, esa hipótesis fue descartada. El diagnóstico final reveló una infección por Capnocytophaga canimorsus, una bacteria que vive de forma natural en la boca de los perros y de muchos gatos.
Un simple saludo de su mascota casi le cuesta la vida.
Según explicaron los médicos a la familia, la bacteria ingresó al cuerpo de Marie a través de una pequeña herida en el brazo, causada días antes por un leve rasguño contra un muro de ladrillo durante las vacaciones. La lesión parecía insignificante y no recibió atención médica. Al regresar a casa, su perra lamió esa zona, permitiendo que el microorganismo entrara al torrente sanguíneo.
La infección avanzó de forma agresiva y derivó en una sepsis severa, una condición potencialmente mortal. Mientras Marie permanecía en coma, su piel comenzó a cambiar de color y a presentar necrosis y gangrena. El daño se extendió rápidamente y, pese a los esfuerzos médicos por salvar sus extremidades, la situación llegó a un punto irreversible. Para evitar que la infección le quitara la vida, los cirujanos tomaron una decisión extrema: amputarle ambos brazos y ambas piernas.
Marie despertó cerca de nueve días después, rodeada de sus seres queridos, sin comprender inicialmente lo ocurrido. Un psicólogo del hospital fue quien le explicó la magnitud de lo sucedido. En total, permaneció hospitalizada alrededor de 100 días y fue sometida a 13 cirugías. La infección incluso alcanzó a afectar la punta de su nariz, reflejando la gravedad del cuadro y lo cerca que estuvo de morir.

Tras recibir el alta, inició un largo y exigente proceso de rehabilitación, en el que tuvo que reaprender desde las acciones más básicas hasta volver a caminar con prótesis. El impacto físico y emocional fue profundo, pero Marie logró salir adelante.
A pesar de todo, nunca culpó a su perra por lo ocurrido. Por el contrario, entendió que se trató de un hecho desafortunado y excepcional. Durante su hospitalización, Taylor la visitó en varias ocasiones, y ese contacto, lejos de causarle miedo, se convirtió en un apoyo emocional fundamental en su recuperación y en su proceso de volver a empezar.
PAUTE
AQUÍ
420 px x 450 px
INFO AQUÍ
