“Yo lo ayudé y jugaba con mis hijos”: el testimonio de la mujer que conoció al joven señalado por el crimen de Shelsy


Una mujer de Fonseca, La Guajira, aseguró que conoció y ayudó al adolescente señalado de asesinar a la niña Shelsy en Mingueo. Dijo que lo acogió en su entorno familiar, que jugaba con sus hijos y que jamás imaginó que aquel joven marcado por el abandono terminaría vinculado a una tragedia que dejó dos muertos y muchas preguntas sin respuesta.

La muerte de la niña Shelsy estremeció a Mingueo y a todo el Caribe. El señalamiento contra un adolescente como presunto responsable desató indignación, dolor y una reacción colectiva que terminó, horas después, con la retención, tortura y asesinato del joven identificado como Gabriel. Dos vidas apagadas y un caso cerrado a la fuerza, sin justicia ni verdad judicial.

En medio de ese escenario, nuevos relatos comenzaron a emerger. Uno de ellos lo entregó Jhuselith Polo, una mujer residente en Fonseca, La Guajira, quien decidió hablar públicamente tras enterarse de la muerte del joven que, según dice, conoció de cerca y ayudó durante meses.

“Prácticamente lo adopté”

Jhuselith relató que conoció a Gabriel a través de su hermano de 17 años, quien mantenía una amistad con él. Un día, mientras conversaban frente a su vivienda, lo invitó a entrar. A partir de ese momento, comenzó a brindarle apoyo constante.

“Prácticamente lo adopté”, afirmó.

Según su testimonio, le daba comida, lo ayudaba con temas escolares y trataba de orientarlo para que gestionara documentos. Dijo que siempre notó en él una mirada marcada por el sufrimiento y que, en varias conversaciones, el joven le contó episodios de una infancia dura.

Aseguró que Gabriel le relató que su madre lo obligaba desde niño a trabajar para conseguir dinero destinado al consumo de drogas, motivo por el cual decidió huir de su hogar. Para entonces, Jhuselith se encontraba en la zona de Aguas del Ibirico.

Un joven presente en su casa

La relación se volvió cercana. Gabriel llegaba con frecuencia a su vivienda a buscar comida y pasaba tiempo jugando con los niños del sector, incluso en un punto de SuperGiros ubicado frente a la casa.

“Llegaba sagradamente”, recordó.

Sin embargo, con el tiempo comenzaron a surgir señales que despertaron inquietud. Una madre del sector le advirtió que no le gustaba que su hijo jugara con Gabriel, pues corrían comentarios de que robaba en el centro del municipio. Jhuselith aclaró que nunca fue testigo directo de esos hechos y que no podía asegurar su veracidad.

Las alertas que no ignoró

La mujer relató que empezó a sentir desconfianza cuando notó que Gabriel preguntaba con frecuencia si las madres de los niños estaban en casa antes de salir a jugar. También mencionó que en varias ocasiones llegaba con ropa que consideró inadecuada para su edad: pantalones muy cortos y sin ropa interior.

El punto más grave ocurrió cuando uno de sus hijos le contó que, mientras jugaban, Gabriel hizo un comentario de contenido sexual usando palabras vulgares.
Alarmada, lo llamó de inmediato y lo confrontó.

“Le dije que eso no estaba permitido en mi casa”, aseguró. Según su versión, el joven guardó silencio y bajó la cabeza.

Desde ese día, no volvió a aparecer.

La desaparición y la noticia que la paralizó

Pasaron tres días sin que Gabriel regresara por la comida que acostumbraba a buscar. Preocupada, Jhuselith preguntó por él en el SuperGiros y a otros niños del sector. Nadie lo había vuelto a ver.

Aseguró que su intención era buscar ayuda institucional para él, incluso a través de organizaciones que apoyan población vulnerable. Pensó en darle un último voto de confianza, atribuyendo lo ocurrido a una conducta inapropiada dentro del juego.

“Nunca lo sabré”, dijo.

El golpe llegó con fuerza cuando se enteró del asesinato de la niña en Mingueo y, posteriormente, de la muerte violenta de Gabriel. “Quedé en shock”, afirmó. Dijo que le costó creer que aquel joven al que había alimentado y acogido estuviera relacionado con un crimen tan atroz.

También reconoció que, de haber actuado de otra forma, pudo haber sido uno de sus hijos la víctima.

Hablar pese a las críticas

Jhuselith explicó que decidió contar su versión pese a las críticas recibidas. Algunas personas no creen su relato; otras cuestionan que haya confiado en el joven.

Aseguró que habló porque es su verdad y su experiencia, y porque quiere dejar una reflexión: que la confianza, cuando no se maneja con límites claros, puede abrir la puerta a situaciones peligrosas.

Lea aquí: Viaje de grado terminó en muerte: 16 estudiantes fallecieron al caer un bus a un abismo

Un testimonio que no busca absolver ni condenar, pero que deja al descubierto una historia marcada por el abandono, la falta de protección institucional y un desenlace brutal que cerró el caso con sangre, sin respuestas claras y con una herida abierta en la comunidad.


¿Quieres pautar

con nosotros?