Las alarmas están encendidas en La Guajira por la desaparición de niña de 3 años en Mingueo


La menor desapareció a la 1:00 p. m. De este miércoles. Su ausencia desató una búsqueda masiva que ya involucró a toda la comunidad, autoridades y pueblos vecinos. Las calles, trochas y cámaras de seguridad han sido revisadas sin éxito. La niña sigue desaparecida.

La desaparición de Shelsy Míchel Navarro Ojeda, una pequeña de tres años, encendió el caos, el miedo y la desesperación en Mingueo. A la 1:00 p. m. su rastro se perdió y, desde ese minuto, el corregimiento entero vive una pesadilla que no da tregua. Los padres reportaron la extraña ausencia y, en cuestión de minutos, la noticia explotó en redes sociales y grupos de WhatsApp: una niña se perdió, ayuden a encontrarla.

El impacto fue inmediato. Lo que empezó como una alarma familiar se convirtió en una movilización masiva. Hombres, mujeres, jóvenes, mototaxistas, comerciantes, líderes comunitarios… todos dejaron lo que estaban haciendo para salir a buscarla. No hubo convocatoria oficial: el pueblo reaccionó por instinto. A estas horas, Mingueo es un territorio que no piensa en otra cosa que encontrar a Shelsy.

Las autoridades activaron un plan de búsqueda que se extendió rápidamente hacia Guachaca, Puerto Nuevo y Palomino, en un intento por cerrar cualquier posible ruta por la que la niña pudiera haber salido o sido llevada. La Policía pidió revisar cámaras de seguridad, patios, solares abiertos, caminos y hasta rincones donde un adulto no cabría pero un niño sí.

“Revisen todo. Cualquier detalle puede ser una pista”, fue el mensaje repetido en altavoces y patrullas.

Un pueblo buscando contra el tiempo
Desde que se confirmó la desaparición, no ha habido un solo minuto de calma. Cada persona que encuentra a otra solo pregunta una cosa: “¿Ya apareció?” Y la respuesta sigue siendo la misma: no.

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Los voluntarios han revisado arroyos, han entrado a matorrales, han caminado kilómetros revisando todo aquello que pudiera ofrecer una señal. Pero no hay huella. No hay objeto. No hay testigo. No hay nada.

Esa ausencia absoluta es lo que más aterra.

La familia, al borde del colapso
Los padres de Shelsy hablaron entre llanto y temblor. No entienden qué pasó, no encontraron explicación para la desaparición y repiten, una y otra vez, que la niña no se alejaba sola. La angustia se siente desde la entrada de la casa: nadie come, nadie se sienta, nadie descansa. Las horas pesan como días.

Su súplica es clara, desesperada y cruda:
“Ayúdennos a encontrarla. Cualquier cosa que hayan visto, repórtenla. No importa si parece insignificante.”

Una desaparición que paralizó a cuatro comunidades

La búsqueda ya no es solo local. En Guachaca, Puerto Nuevo y Palomino la alerta está activa; líderes de cada zona recorren veredas y revisan cámaras. El miedo es compartido: si una niña puede desaparecer sin una sola pista, cualquiera podría estar en riesgo.

La Policía y grupos de rescate trabajan coordinados, pero la sensación en el aire es que el tiempo se agota. Cada minuto que pasa sin novedades aumenta la preocupación, la rabia y la incertidumbre.


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