
Graduarse en medio del río: la travesía de unos niños que vencieron cada obstáculo para llegar a su ceremonia
Un grupo de estudiantes de la Institución Educativa María Auxiliadora, sede Romualdo de Palma, llegó a su graduación navegando por horas en canoa. En una región donde el río es la única vía y las distancias imponen riesgos diarios, estos niños demostraron que el deseo de aprender puede más que cualquier barrera.
La imagen recorriendo redes sociales no muestra un acto escolar cualquiera: exhibe la historia de una comunidad que se resiste a que las dificultades le definan el futuro. Allí aparecen los estudiantes de la Institución Educativa María Auxiliadora, sede Romualdo de Palma, vestidos con toga y birrete, navegando sobre una canoa que avanzaba lentamente por la comunidad de La Milagrosa, en pleno Amazonas.
Mientras el agua golpeaba el casco de la embarcación, los niños sostenían sus birretes con una mezcla de nervios y entusiasmo. Era el trayecto que habían hecho durante años para llegar a clases, pero esta vez tenía un significado irrepetible: los llevaba a recibir su diploma.
Un logro construido remando contra las dificultades
Para estos estudiantes, graduarse nunca fue un camino sencillo. Vivir en una zona donde la única ruta segura es el río implica navegar durante horas bajo el sol, la lluvia o las corrientes cambiantes. La movilidad depende de las canoas, de la gasolina que a veces escasea y de la voluntad de los adultos que acompañan cada desplazamiento.
“Aunque el río estuviera picado, ellos no faltaban”, cuenta uno de los docentes, con la satisfacción de verlos culminar el proceso.
“Son niños acostumbrados a luchar, a adaptarse. Este grado es la recompensa de años de disciplina”.
Los padres, muchos de ellos pescadores o agricultores, vieron en esta ceremonia la confirmación de que cada madrugada, cada viaje arriesgado y cada jornada escolar valieron la pena.
“Uno se sacrifica por ellos —dice una madre—. Verlos así vestidos… es la alegría más grande”.
La fotografía de los estudiantes en su canoa se convirtió en un símbolo para La Milagrosa y las comunidades vecinas. No solo refleja la precariedad del acceso educativo, sino también la determinación con la que estos jóvenes enfrentan su realidad.
“Es un orgullo inmenso. Estos niños demuestran que estudiar sí vale la pena”, afirma un líder comunitario, quien acompañó parte del recorrido. Para él, el logro trasciende la escuela:
“Es un mensaje a todos los que creen que porque vivimos lejos no podemos soñar”.
El papel de la escuela en medio de la selva
La Institución Educativa María Auxiliadora ha sido el refugio académico de estos estudiantes, un espacio donde encontraron maestros dispuestos a enseñar aun cuando las condiciones lo dificultan todo. Desde materiales limitados hasta techos que deben repararse con frecuencia, la escuela ha sobrevivido por el compromiso de quienes la sostienen.
“Este grado también es nuestro”, dice otra docente. “Cada niño que termina el proceso es una victoria contra el abandono y las distancias”.
Un río que no detuvo los sueños
Lo que para otros estudiantes del país es rutina —despertar, tomar el bus, llegar al colegio en minutos— para estos jóvenes se convierte en una travesía diaria. Sin embargo, los límites geográficos nunca fueron excusa. Todo lo contrario: se transformaron en motor.
Hoy, su graduación es la prueba de que las metas pueden alcanzarse incluso cuando el camino es un río impredecible. Que la constancia puede más que el cansancio. Que un diploma tiene más valor cuando representa lucha y resistencia.
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Y que, desde el corazón del Amazonas, un grupo de niños decidió demostrarle al país entero que los sueños también se reman.
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