Mujer de la comunidad LGBTIQ+ mató a pasajero del MIO tras absurda pelea por un asiento


La agresora, una mujer de la comunidad LGBTIQ+, fue capturada de inmediato. Las cámaras dejaron registrado el momento en que la víctima, herida y tambaleante, intentó pedir ayuda antes de desplomarse.

Lo que ocurrió dentro de un bus del MIO es tan absurdo que cuesta procesarlo. Un asiento. Solo eso. Un espacio más en medio del transporte público se convirtió en el detonante de un homicidio que hoy indigna a Cali. Luis Gabriel Rodríguez, de 47 años, salió de su casa rumbo a su destino sin imaginar que jamás volvería.

La discusión comenzó cuando una mujer, identificada como integrante de la comunidad LGBTIQ+, intentó ocupar el asiento en el que Rodríguez ya estaba o hacia el que se dirigía. Nadie entendió por qué el cruce de palabras escaló tan rápido. No hubo provocación que justificara lo que vino después. Solo segundos de tensión que se transformaron en un ataque fulminante.

La escena que quedó grabada en las cámaras

El video de la estación es demoledor. Allí se ve a Rodríguez bajando del bus, herido, tambaleando, tratando de mantenerse en pie mientras aprieta con una mano su abdomen. Su mirada perdida y el paso inseguro revelan que apenas comprende lo que le está ocurriendo. A su alrededor, los usuarios miran con miedo, inmóviles, incapaces de entender cómo una discusión tan insignificante terminó en semejante brutalidad.

Rodríguez intenta pedir ayuda. Avanza unos metros más. Y cae.

Los testigos corren, gritan, piden auxilio. Una ambulancia llega pocos minutos después. El traslado fue inmediato, pero la herida era demasiado profunda. En el centro médico solo pudieron confirmar lo que ya parecía inevitable: Luis Gabriel murió.

“Un acto de intolerancia”: la versión policial

El brigadier general Henry Bello, comandante de la Policía Metropolitana, fue tajante al describir el caso: “La confrontación nació de un acto de intolerancia”. Explicó que la agresora insistió en ocupar el mismo lugar del bus y que la disputa escaló hasta convertirse en una agresión mortal. Nada más. Nada que lo justifique. Nada que lo explique.

Mientras Rodríguez agonizaba, unidades de Policía que patrullaban la zona reaccionaron de inmediato. Capturaron a la mujer y le incautaron el arma cortopunzante usada en el ataque. Horas después, un juez le impuso medida de aseguramiento intramural por el delito de homicidio.

Una muerte que revela un problema más profundo

El crimen de Rodríguez no solo deja una familia destruida y una ciudad conmocionada. También expone un fenómeno que se siente cada vez más: la intolerancia desbordada que convierte cualquier desacuerdo en una amenaza real. Una mirada mal entendida, un reclamo, un roce accidental, ahora un asiento… todo parece suficiente para que la violencia aflore sin freno.

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Luis Gabriel Rodríguez perdió la vida por una razón mínima, absurda, incomprensible. Un asesinato que nunca debió pasar y que vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad con la que se convive en los espacios públicos. Un viaje rutinario terminó en tragedia. Y una ciudad entera se queda con la misma pregunta: ¿cómo se llega a matar por un asiento?


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